VIN DIESEL EMOCIONA AL PERSONAL CON SU RECUERDO HACÍA PAUL WALKER EN CANNES.

 VIN DIESEL EMOCIONA AL PERSONAL CON SU RECUERDO HACÍA PAUL WALKER EN CANNES.

Pocas veces una película tan despreocupadamente juvenil, tan anclada en la cultura del asfalto y la gasolina, termina convirtiéndose en objeto de veneración cinéfila. Eso es, en esencia, lo que ha ocurrido con Fast & Furious, la saga que arrancó en 2001 bajo el título español de A todo gas y que hoy, veinticinco años después, encuentra su lugar en la sección Cannes Classics del Festival de Cannes.

Lo que en su día fue recibida con cierto desdén —una especie de heredera musculada de Le llaman Bodhi— ha terminado redefiniendo las reglas del blockbuster contemporáneo. Aquella primera entrega dirigida por Rob Cohen, centrada en un grupo de corredores callejeros y su particular código de lealtades, no hacía presagiar que acabaría convirtiéndose en una de las franquicias más lucrativas y longevas del cine moderno, con una mitología propia que ha ido creciendo hasta rozar lo superheroico.


La celebración en Cannes no ha sido solo una cuestión de nostalgia. También responde a una realidad industrial: en una edición con menor presencia de grandes producciones estadounidenses, el certamen ha encontrado en esta efeméride la excusa perfecta para desplegar glamour y estrellas. Así, la Croisette se ha llenado con la presencia de Vin Diesel, Michelle Rodriguez y Jordana Brewster, rostros inseparables de la saga.

Pero si hubo un momento que trascendió lo promocional fue el recuerdo a Paul Walker. Fallecido en 2013 en un trágico accidente de tráfico, su figura sigue siendo el corazón emocional de la franquicia. En la sala Lumière, abarrotada, el homenaje adquirió un tono íntimo y sincero. Diesel, visiblemente conmovido, habló no tanto del compañero de rodaje como del amigo, del “hermano” que marcó su vida dentro y fuera de la pantalla.

La presencia de Meadow Walker añadió una dimensión generacional al acto. Para ella, enfrentarse a la película supone mirarse en un espejo extraño: el de un padre congelado en el tiempo, con la misma edad que ella tiene ahora. Su figura, discreta pero firme, simboliza la continuidad de un legado que trasciende el cine.

Porque si algo ha demostrado Fast & Furious es su capacidad para mutar sin perder su esencia. Lo que comenzó como una historia de carreras ilegales terminó convirtiéndose en una epopeya global sobre la familia, la lealtad y la supervivencia. Y quizá por eso, en Cannes, entre autores consagrados y nuevas voces, esta vieja película de motores y asfalto ha encontrado su sitio: no como reliquia, sino como mito contemporáneo.



Comentarios