RHYS IFANS Y LAURA LINNEY ACABAN DE FINALIZAR UN LARGOMETRAJE CUYA TEMATICA CENTRAL ES LA LUCHA CONTRA EL PARKINSON.
RHYS IFANS Y LAURA LINNEY ACABAN DE FINALIZAR UN LARGOMETRAJE CUYA TEMATICA CENTRAL ES LA LUCHA CONTRA EL PARKINSON.
No es habitual que una historia sobre el Parkinson encuentre su punto de partida en la risa, pero eso es precisamente lo que propone Onward and Sideways, una producción británica que se adentra en la enfermedad sin solemnidad impostada, dejando que la vida —con todas sus contradicciones— marque el ritmo. En el centro del relato están dos desconocidos que no deberían cruzarse, pero lo hacen. Y, a partir de ahí, nada vuelve a ser igual.
El proyecto supone el regreso de John Madden al terreno del drama humano, ese que ya exploró con pulso clásico en Shakespeare in Love o en Operation Mincemeat. Aquí, sin embargo, su mirada parece más íntima, más pegada a los pequeños gestos que definen una existencia cuando esta empieza a tambalearse.
El guion lleva la firma de Paul Mayhew-Archer, cuya implicación trasciende lo puramente creativo. No solo es conocido por su trabajo en la serie The Vicar of Dibley, sino también por convivir con la enfermedad que articula la historia. Su voz, por tanto, no suena impostada: nace de la experiencia, de la observación directa, de la necesidad de contar sin filtros. Esa misma honestidad se percibe en su participación en el pódcast Movers and Shakers, donde el Parkinson deja de ser un concepto abstracto para convertirse en relato compartido.
En pantalla, el peso emocional recae sobre Laura Linney y Rhys Ifans, dos intérpretes que construyen personajes desde la contención. Ella es Emma, pianista y compositora, madre que intenta sostener su mundo mientras este se resquebraja lentamente. Él, Tony, subdirector de una escuela en Norfolk, atrapado en una rutina que de pronto pierde sentido. Sus vidas no podrían ser más distintas, pero comparten algo invisible: un diagnóstico que llega sin aviso y lo altera todo.
El encuentro entre ambos no se plantea como un giro dramático al uso, sino como una consecuencia casi inevitable de ese golpe compartido. Lo interesante no es tanto la coincidencia como lo que surge a partir de ella: una complicidad inesperada, una forma de resistencia que pasa por el humor, el baile, incluso por la torpeza. Porque Onward and Sideways parece entender que la dignidad no está en negar la fragilidad, sino en aprender a convivir con ella.
A su alrededor, rostros como Monica Dolan y Rory Kinnear completan un reparto que aporta matices sin robar protagonismo a la historia central. El paisaje del norte de Norfolk, donde se ha rodado íntegramente la película, funciona casi como un eco emocional: espacios abiertos que contrastan con la sensación de encierro interior de los personajes.
Lejos de buscar la lágrima fácil, la película apuesta por una tonalidad ambigua, donde la tristeza y la ligereza conviven sin anularse. En ese equilibrio reside su posible fuerza: en recordarnos que incluso en los momentos más inciertos, la vida sigue encontrando formas de avanzar… aunque sea, como sugiere el título, hacia adelante y de lado al mismo tiempo.

Un tema delicado todo aquel que se refiere a enfermedades cuando se quiere tratar con humor.
ResponderEliminar