NICHOLAS HOULT Y COLMAN DOMINGO REINTERPRETARAN EL CLASICO DE JOSEPH LOSEY, "EL SIRVIENTE"
En una industria que tiende a revisitar el pasado con más nostalgia que riesgo, The Servant irrumpe como una propuesta que no parece interesada en la reverencia, sino en la provocación. Francis Lee toma las riendas de esta reinterpretación del clásico de Joseph Losey, con guion original de Harold Pinter, y lo traslada a un nuevo contexto sin renunciar a su esencia más incómoda: la dominación emocional como forma de intimidad.
El punto de partida sigue siendo reconocible, pero no idéntico. Un joven aristócrata británico, Tony —al que dará vida Nicholas Hoult— se instala en un elegante apartamento neoyorquino en los años 50, cerca de Central Park. Lo que comienza como una relación de dependencia práctica con su criado pronto deriva en un juego de control mucho más turbio. Colman Domingo encarna a Barrett, un sirviente cuya presencia parece ir colonizando cada rincón de la vida de su empleador, desdibujando las jerarquías hasta convertirlas en algo inquietantemente irreconocible.
No es casual que el material de partida haya resonado durante décadas. La película original —El sirviente— exploraba con una elegancia venenosa la lucha de clases, el deseo reprimido y la manipulación psicológica, anticipando tensiones que el cine contemporáneo seguiría revisitando. Bong Joon-ho, por ejemplo, ha señalado su influencia en Parásitos, donde la dinámica entre espacios, poder y servidumbre se convierte también en una guerra silenciosa.
La nueva versión no parece interesada en suavizar esos conflictos. Al contrario: los actualiza. El cambio de escenario —ese Nueva York de posguerra, sofisticado y lleno de contradicciones— promete amplificar la tensión social y sexual que ya latía en el original. En este contexto, la relación entre amo y sirviente deja de ser solo una cuestión de clases para convertirse en una coreografía más compleja, donde el deseo, la dependencia y la humillación se entrelazan sin ofrecer escapatoria clara.
El reparto refuerza esa sensación de equilibrio inestable. Emma Corrin, siempre cómoda en territorios ambiguos, y Noah Jupe, cada vez más presente en el cine de prestigio, completan un conjunto que parece diseñado para sostener esa tensión sin necesidad de subrayados. Son intérpretes que entienden el silencio, la mirada, el gesto mínimo que puede alterar una escena entera.
En la trayectoria de Lee, este proyecto encaja con naturalidad. Ya en God's Own Country y Ammonite exploraba vínculos donde el deseo y la represión convivían en espacios cerrados, donde los personajes parecían decirlo todo precisamente cuando callaban. Aquí, esa sensibilidad podría encontrar un terreno aún más fértil: uno donde la intimidad no libera, sino que aprisiona.
El rodaje, previsto para enero, marcará su regreso tras varios años de silencio. Y todo apunta a que no será un retorno discreto. The Servant tiene la textura de esas películas que se cuecen a fuego lento pero dejan una huella persistente: interiores lujosos convertidos en campos de batalla, cuerpos que negocian poder sin palabras y una tensión que no necesita estallar para resultar devastadora.
Si el original era una danza elegante hacia la destrucción, esta nueva versión promete algo quizá más directo, más carnal. Menos sugerido, tal vez, pero no por ello menos perturbador. Porque cuando el poder se mezcla con el deseo, el resultado rara vez es limpio. Y en manos de Lee, esa suciedad emocional podría ser precisamente lo que haga que esta historia vuelva a sentirse peligrosamente viva.

Joseph Losey era el director norteamericano mas británico que ha dado el cine, aunque la pelicula y todo su cine, a mi personalmente no me entusiasma.
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