MOLLY MANNING WALKER DIRIGIRA LA QUE SERÁ SU SEGUNDA PELICULA, "NOT ANOTHER F**CKING WEDDING".
El título lo dice todo… o quizá no diga absolutamente nada. Not Another F**cking Wedding suena a exasperación, a comedia ácida o incluso a una sátira emocional disfrazada de celebración, pero por ahora lo único tangible es precisamente eso: el nombre. Ningún argumento, ningún reparto confirmado, ni una pista clara sobre el tono. Y, sin embargo, el proyecto ya genera curiosidad por el simple hecho de quién está detrás.
Porque A24 no suele moverse por impulsos vacíos, y mucho menos cuando se asocia con Plan B Entertainment, una productora que ha demostrado tener olfato tanto para el prestigio como para el riesgo. En ese cruce de caminos aparece Molly Manning Walker, que tras irrumpir con fuerza con How to Have Sex —y haberse curtido también como directora de fotografía en Scrapper— se enfrenta ahora a su segundo largometraje como directora y guionista.
El salto no es menor. Su debut no solo llamó la atención por su mirada directa y sin concesiones, sino también por su capacidad para capturar la incomodidad emocional sin subrayados innecesarios. Ahora, con un título que parece reírse de los clichés románticos desde antes de empezar, todo apunta a que Walker podría explorar de nuevo ese terreno donde lo íntimo y lo incómodo conviven sin pedir permiso.
En paralelo, el contexto industrial también añade una capa interesante. El drama, la nueva película escrita y dirigida por Kristoffer Borgli, llegará a los cines españoles el próximo 29 de mayo, consolidando una racha especialmente fértil para A24. No es un detalle menor: el estudio ha logrado colocar varios títulos por encima de los 100 millones de dólares en taquilla global, desde Todo a la vez en todas partes hasta Civil War, pasando por producciones como Materialists o Marty Supreme.
Ese equilibrio entre autoría y rendimiento comercial es, en cierto modo, el terreno ideal para una cineasta como Walker. Su nueva película, incluso sin sinopsis, parece encajar en esa línea donde las historias pequeñas se convierten en reflejos incómodamente grandes.
Quizá, al final, el verdadero gancho no esté en la boda —ni siquiera en evitarla—, sino en todo lo que ese título promete desmontar. Porque si algo ha demostrado el cine reciente es que, a veces, basta una frase provocadora para empezar a contar una historia que no tiene ninguna intención de comportarse como esperamos.

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