MICK JAGGER REGRESA AL CINE TRAS SIETE AÑOS DE AUSENCIA.
En una pequeña isla volcánica donde el viento parece arrastrar secretos antiguos y el mar impone su propio ritmo, una historia de aislamiento y vínculos perturbadores cobra forma bajo la mirada de Alice Rohrwacher. Allí, entre Stromboli y Roma, se levanta Three Incestuous Sisters, una película que no solo adapta la novela gráfica de Audrey Niffenegger, sino que también marca un punto de inflexión en la trayectoria de la cineasta italiana: su primer largometraje en inglés.
Pero lo verdaderamente inesperado no está en el idioma, sino en la presencia que observa desde el horizonte. Mick Jagger, a sus 82 años, se adentra una vez más en el cine para encarnar a un farero, una figura que parece escrita a la medida de su aura crepuscular y magnética. Frente a él, Josh O’Connor interpreta a su hijo, desencadenando un juego de tensiones que rompe el frágil equilibrio de tres hermanas apartadas del mundo.
El reparto se completa con nombres que aportan matices muy distintos a este universo cerrado: Dakota Johnson, Saoirse Ronan, Jessie Buckley e Isabella Rossellini. Un conjunto de intérpretes que sugiere una película atravesada por pulsiones íntimas, silencios incómodos y una belleza inquietante, muy en la línea de la autora de Lazzaro Feliz o La Chimera, donde Rohrwacher ya había demostrado su sensibilidad para lo extraño y lo poético.
El propio Jagger no es un recién llegado a este territorio. Su relación con el cine se remonta a décadas atrás, cuando sorprendió en Performance, jugando con la imagen de estrella en decadencia. Desde entonces, ha transitado títulos dispares, siempre orbitando ese magnetismo ambiguo que lo convierte en una presencia difícil de domesticar en pantalla.
Fuera del set, la realidad también ha tenido su momento de guion inesperado. Durante el rodaje en Stromboli, una celebración del equipo fue abruptamente silenciada por los carabinieri debido a una normativa local que prohíbe la música los miércoles por la noche. Una escena casi surrealista: el hombre que ha llenado estadios durante más de medio siglo obligado a bajar el volumen por decreto municipal. A veces, los límites más firmes no los impone el tiempo, sino las ordenanzas.
Y sin embargo, hablar de límites en relación con Jagger resulta casi irónico. Mientras rueda esta nueva incursión cinematográfica, continúa trabajando en Foreign Tongues, el próximo álbum de The Rolling Stones, previsto para julio. La jubilación, en su caso, no es más que una palabra sin traducción práctica.
Entre faros que vigilan la noche, hermanas atrapadas en su propio mundo y la llegada de un visitante que lo cambia todo, la película promete un relato donde lo íntimo y lo inquietante se entrelazan. Y en el centro, como una luz imposible de apagar, Mick Jagger vuelve a demostrar que hay trayectorias que no entienden de despedidas, solo de nuevas formas de permanecer.

En el cine su mejor papel fue en la década de los setenta, con Ned Kelly.
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