MERYL STREEP DESVELA LA VINCULACION DE CLINT EASTWOOD CON SU PERSONAJE EN "EL DIABLO VISTE DE PRADA".
MERYL STREEP DESVELA LA VINCULACION DE CLINT EASTWOOD CON SU PERSONAJE EN "EL DIABLO VISTE DE PRADA".
Cuando El diablo viste de Prada llegó a los cines en 2006, muchos la despacharon con rapidez como una comedia ligera envuelta en glamour y vestidos imposibles. Sin embargo, el tiempo terminó colocándola en otro lugar muy distinto: el de las películas capaces de retratar con precisión la fascinación y el veneno del poder. Detrás de los tacones, las miradas gélidas y las oficinas de cristal se escondía una historia sobre jerarquías, ambición y desgaste emocional en un entorno laboral feroz. Quizá por eso, años después, el universo de la película sigue despertando tanto interés y las nuevas entregas continúan encontrando a un público dispuesto a regresar a ese mundo de moda, ego y decadencia mediática.
Parte de ese magnetismo se sostiene gracias a una interpretación irrepetible. Meryl Streep no solo interpretó a Miranda Priestly: la convirtió en una presencia cinematográfica imposible de olvidar. Lo más curioso es que, antes del estreno, muchos pensaban que la actriz simplemente estaba aceptando un papel cómodo dentro de una producción comercial. La realidad fue exactamente la contraria. Su trabajo acabó redefiniendo al personaje hasta transformarlo en un icono cultural moderno.
Durante años se asumió que Miranda era poco menos que una copia de Anna Wintour, la legendaria editora de Vogue. La conexión parecía evidente: la novela original había sido escrita por Lauren Weisberger tras trabajar como asistente de Wintour. Pero Streep terminó revelando que su construcción del personaje nacía de lugares mucho más inesperados. La elegancia distante de Christine Lagarde, el sofisticado aspecto de Carmen Dell’Orefice y, sobre todo, la calma intimidante de Clint Eastwood se mezclaron para dar forma a Miranda.
La clave estaba en la voz. Mientras todos esperaban a una jefa explosiva, autoritaria y escandalosa, Streep apareció en la primera lectura con un tono suave, casi susurrado. Anne Hathaway recordaría más tarde el impacto de aquel momento: el silencio repentino en la sala, la sensación de estar ante algo brillante e imprevisible. Miranda no necesitaba gritar para dominar. Precisamente porque hablaba bajo, todos se inclinaban para escucharla. Ahí residía su verdadero poder.
La actriz confesó después que esa idea surgió trabajando con Eastwood en Los puentes de Madison. El director le explicó que la autoridad no depende de cuánto actúas, sino de cómo reaccionan los demás cuando entras en una habitación. Streep aplicó esa filosofía durante el rodaje y decidió mantenerse distante del resto del reparto para conservar la frialdad de Miranda. El método funcionó tan bien que terminó aislándola emocionalmente. Mientras sus compañeros se divertían entre toma y toma, ella permanecía encerrada en esa coraza de hielo que había construido para el personaje.
Años más tarde, la actriz recordó aquella experiencia con cierta ironía y agotamiento. Después de vivir durante meses dentro de la piel de Miranda Priestly, llegó a una conclusión definitiva: probablemente sería la última vez que intentaría trabajar de una forma tan extrema.

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