LA PREMONICION DE JEAN-CLAUDE VAN DAMME SOBRE NETFLIX.
Mucho antes de que el verbo “streamear” formara parte del lenguaje cotidiano, la industria audiovisual todavía orbitaba en torno a salas, parrillas televisivas y formatos físicos. Parecía un sistema sólido, casi inamovible. Y, sin embargo, en medio de ese panorama, hubo una voz inesperada que intuyó el cambio con una claridad sorprendente: Jean-Claude Van Damme.
El icono del cine de acción —rostro de títulos como Kickboxer o Timecop— no sólo repartía patadas imposibles en pantalla; también parecía tener un radar afinado para detectar hacia dónde se dirigía el negocio. Corría el año 2001 cuando, durante una aparición en la televisión canadiense, lanzó una idea que en aquel momento sonaba casi a ciencia ficción: las películas se distribuirían directamente a través de Internet, llegarían a millones de espectadores y lo harían de forma inmediata, casi con un simple gesto.
Dicho hoy, puede parecer obvio. Pero en aquel contexto —cuando la conexión doméstica era lenta, el concepto de “descarga” resultaba tedioso y el acceso global a contenidos era limitado—, aquella visión tenía algo de quimera. Van Damme hablaba de precios accesibles, de democratizar el acceso al cine, de eliminar las barreras físicas y económicas. Hablaba, en esencia, de lo que hoy representan plataformas como Netflix, HBO o Disney+.
Lo más llamativo no es sólo que anticipara el modelo, sino la escala: mencionaba audiencias de cientos de millones de personas, una cifra que entonces parecía desmesurada y que hoy forma parte de la normalidad del consumo global. También intuía la inmediatez, ese “presionar un botón” que hoy define nuestra relación con las imágenes.
En cierto modo, su predicción no hablaba únicamente de tecnología, sino de un cambio cultural profundo. De cómo el espectador pasaría de adaptarse a los horarios a exigir disponibilidad constante. De cómo el cine dejaría de ser un evento puntual para convertirse en un flujo continuo.
Quizá por eso resulta tan fascinante recuperar aquellas palabras. No porque fueran exactas en lo técnico, sino porque captaban la dirección del cambio cuando aún no era evidente. En un mundo que todavía dependía del satélite, de la programación lineal y de los tiempos de espera, Van Damme imaginó un acceso directo, global y casi instantáneo.
A veces, las visiones más certeras no vienen de los despachos ni de los laboratorios, sino de lugares inesperados. Y en este caso, fue una estrella de acción la que, entre golpes coreografiados y silencios de plató, supo ver el futuro antes de que el futuro supiera explicarse a sí mismo.

No deja de ser curioso que Van Damme aún que yo recuerde no ha trabajado para Netflix.
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