KATE BECKINSALE NADARA ENTRE TIBURONES EN "WHITE".

 KATE BECKINSALE NADARA ENTRE TIBURONES EN "WHITE".

Durante años, Kate Beckinsale se ha movido con soltura entre criaturas de la noche, convertida en icono de la saga Underworld. Ahora, sin embargo, cambia la oscuridad gótica por una amenaza mucho más luminosa… y no por ello menos letal: el océano abierto.

“White”, el nuevo thriller que se prepara para irrumpir en el mercado del Festival de Cannes, se adentra en ese territorio clásico del cine de supervivencia donde la naturaleza no negocia. Dirigida por Jake West y escrita por Dan Schaffer, la película construye su tensión a partir de una premisa tan sencilla como angustiosa: un accidente aéreo en mitad del Pacífico deja a una única superviviente atrapada sobre los restos del avión, rodeada de agua… y de algo más.

Ese “algo más” tiene nombre propio: el White Shark Café, una zona real del océano convertida aquí en escenario de pesadilla. Un punto de encuentro para tiburones blancos que transforma el aislamiento en una condena a cielo abierto. Lo que empieza como una lucha contra el hambre, la sed y el agotamiento pronto se convierte en una espera insoportable, donde cada sombra bajo el agua puede ser la última imagen que vea la protagonista.

El personaje central, Willa Harba —una actriz que creía estar ante la oportunidad de relanzar su carrera—, funciona como reflejo de esa ironía cruel que tanto le gusta al género: el gran papel de su vida termina siendo, literalmente, sobrevivir. Mientras tanto, Beckinsale interpreta a Barbara, una ejecutiva de estudio cuya frialdad introduce un conflicto paralelo, más humano pero igual de implacable. En esta historia, los depredadores no solo nadan.

A su lado aparece Katherine McNamara, conocida por Shadowhunters, en un reparto que aún busca a la figura clave: la actriz que deberá sostener sobre sus hombros —y sobre un ala destrozada— buena parte del metraje.

El proyecto, respaldado por Highland Film Group en su distribución internacional, iniciará su rodaje entre Bulgaria, Inglaterra y Estados Unidos, con un equipo de producción que incluye a Yariv Lerner, Dominic Burns, Crawford Anderson-Dillon y Sky Morfopoulos. Pero más allá de nombres y localizaciones, lo que realmente define a “White” es su pertenencia a una tradición muy concreta: la de las historias donde el mar deja de ser paisaje para convertirse en amenaza.

Porque si algo ha demostrado el cine durante décadas es que basta una aleta surcando el agua para activar un miedo primario. Y en ese sentido, la película no llega sola. La fascinación de Hollywood por los tiburones —esa mezcla de terror, espectáculo y morbo— sigue viva, reinventándose cada cierto tiempo con nuevas víctimas, nuevos escenarios y la misma pregunta de fondo: cuánto puede resistir alguien cuando no hay tierra firme a la vista.

“White” parece querer responderla desde la crudeza. Sin artificios innecesarios, con el cuerpo humano enfrentado a lo esencial: sobrevivir un minuto más. Y, en el horizonte, siempre, ese movimiento casi imperceptible bajo la superficie.



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