EVANGELINE LILLY SE SOLIDARIZA CON LOS DESPEDIDOS DE DISNEY.
El ruido no ha tardado en convertirse en relato. La llegada de Josh D’Amaro al despacho principal de The Walt Disney Company, tomando el relevo de Bob Iger, se ha visto envuelta en una sacudida interna que va mucho más allá de un simple reajuste corporativo. Cerca de mil despidos, con especial impacto en Marvel Studios y en los equipos de efectos visuales, han abierto una grieta incómoda entre discurso oficial y percepción colectiva. Porque, aunque desde la compañía se insiste en la reestructuración como motivo, el eco que resuena en la industria apunta hacia otro lugar: la Inteligencia Artificial como herramienta de sustitución.
No es una sospecha menor. En un momento en el que Hollywood aún digiere las tensiones recientes entre creatividad y automatización, cada movimiento empresarial se observa con lupa. Y en ese clima, las palabras de Evangeline Lilly han caído como una chispa en terreno seco.
Lilly, que durante años ha formado parte del engranaje superheroico interpretando a la Avispa dentro del universo de Marvel —con títulos como Ant-Man and the Wasp: Quantumania—, mantiene con Disney una relación que nunca ha sido del todo cómoda. A su historial de polémicas se suma ahora un posicionamiento frontal, casi visceral, contra lo que percibe como una traición a los artistas.
Su mensaje no busca matices. “Debería darte vergüenza, Disney”, escribe, señalando directamente a la compañía por abandonar a quienes, en sus palabras, construyeron el poder del que ahora se beneficia. Pero más allá del tono incendiario, lo relevante es el fondo: Lilly asume como hecho que los despidos están ligados al uso creciente de IA, y plantea una pregunta que sobrevuela toda la industria: ¿qué ocurre cuando el talento humano se convierte en materia prima para sistemas que terminan reemplazándolo?
En su discurso hay indignación, pero también una defensa casi romántica del oficio. Reivindica a los artistas de efectos visuales como “los magos” reales, aquellos que dieron forma a los momentos de gloria de Marvel, frente a un futuro que describe con una metáfora inquietante: un Oz donde los nuevos magos ya no son humanos.
El contraste es potente. Mientras Disney intenta mantener la narrativa del ajuste necesario, voces como la de Lilly empujan la conversación hacia un terreno más incómodo, donde la eficiencia tecnológica choca con la identidad misma del cine como arte colectivo. No es solo una cuestión laboral, sino simbólica: quién crea, quién posee y quién decide el valor de lo creado.
En medio de ese pulso, la actriz parece hablar también desde un lugar de distancia. Su posible salida del foco, su intención de iniciar una nueva etapa lejos de la interpretación, le permite una libertad que otros quizá no tienen. Y eso convierte sus palabras en algo más que una queja puntual: funcionan como síntoma de una inquietud más amplia, más profunda.
Porque lo que está en juego no es únicamente el futuro de unos trabajadores, sino el modelo de una industria que, durante décadas, ha vendido magia… y ahora debe decidir si esa magia puede existir sin quienes la hacían posible.

Ahora que esta fuera de la interpretación por una enfermedad, no tiene nada que perder por hablar fuerte y claro, puede que si estuviera en activo callaría por no perder el pan que la alimenta.
ResponderEliminar