EL SARAQUSTA FILM FESTIVAL OTORGA EL DRAGON DE ORO A JACQUELINE BISSET.
Durante unos días, Zaragoza dejó de ser simplemente una ciudad para convertirse en un territorio suspendido en el tiempo, donde el pasado encontraba nuevas formas de respirarse en la pantalla. Entre proyecciones, coloquios y encuentros, el Saraqusta Film Festival volvió a demostrar que el cine histórico no es una reliquia, sino un lenguaje vivo, capaz de dialogar con el presente desde múltiples miradas.
El pulso de esta sexta edición no solo se sintió en las salas, sino también en la calle. La imagen de cientos de personas congregadas en la plaza del Pilar para redescubrir Braveheart bajo el cielo nocturno resume bien ese espíritu: el cine como experiencia compartida, como celebración colectiva. A esa vocación abierta se sumó la incorporación de Saraqusta Kids, una apuesta por sembrar la curiosidad histórica en los más jóvenes, ampliando así el alcance de un festival que no deja de crecer.
En el corazón del certamen, la competición volvió a ser un terreno fértil. Las obras seleccionadas ofrecieron un equilibrio poco habitual entre clasicismo y riesgo, entre narrativas más ortodoxas y propuestas que se atreven a tensar los límites del género. El jurado —integrado por profesionales de perfiles diversos, desde la crítica al ámbito académico y la producción— coincidió en subrayar esa riqueza: una edición marcada por la solidez, pero también por la valentía de quienes entienden que revisitar la historia implica, en ocasiones, reinventar sus formas.
Ese diálogo constante entre tradición y modernidad también se percibió en la respuesta del público. Más de 4.000 espectadores pasaron por el festival, consolidando una comunidad cada vez más fiel. No se trató únicamente de ver películas, sino de habitarlas: los coloquios posteriores a las proyecciones se convirtieron en espacios de intercambio donde la curiosidad por el proceso creativo y el rigor histórico adquirieron un protagonismo inesperado. Algo está cambiando cuando el espectador no solo consume, sino que pregunta, indaga y quiere comprender.
Pero si hubo un instante en el que todo ese recorrido encontró su símbolo, fue en la clausura. En una gala que combinó elegancia y cercanía, el festival rindió homenaje a una figura que encarna como pocas ese equilibrio entre cine de autor y popularidad: Jacqueline Bisset. Su presencia no fue solo la de una invitada ilustre, sino la de una trayectoria que dialoga con el espíritu mismo del certamen. A lo largo de décadas, ha transitado con naturalidad entre grandes producciones y proyectos más íntimos, trabajando a las órdenes de cineastas como François Truffaut, John Huston o Roman Polanski, y construyendo una filmografía donde la elegancia nunca ha sido superficial, sino profundamente emocional.
El ‘Dragón de Oro’ que recibió no fue solo un reconocimiento honorífico, sino una forma de inscribir su legado en la memoria del festival. Su ovación, cálida y prolongada, pareció resumir algo más que admiración: la sensación de estar ante una figura que pertenece a una forma de entender el cine donde el tiempo, precisamente, adquiere otra dimensión.
Así se cerró una edición que confirma la madurez de Saraqusta. Un festival que no solo crece en cifras, sino en identidad, en capacidad de convocar miradas diversas y en su empeño por convertir la historia en una experiencia viva.
Palmarés del VI Saraqusta Film Festival
- Mejor Largometraje: La copia perfecta (Francia). Mención especial: Verdad y traición (EEUU, Lituania).
- Mejor Documental: Fiume o morte! (Croacia).
- Mejor Dirección: Damiano Michieletto, por Primavera (Italia). Mención especial: Annemarie Jacir, por Palestina 36 (Palestina, Reino Unido).
- Mejor Guion: Igor Bezinovic, por Fiume o morte! (Croacia).
- Mejor Actriz: Tecla Insolia, por Primavera (Italia).
- Mejor Actor: Reda Kateb, por La copia perfecta (Francia).
- Premio Jurado Joven: Palestina 36.
- Reconocimiento especial: Fundación Ibercaja.

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