EL REMAKE DE "LA HUIDA" DE SAM PECKINPAH, VA COGIENDO FORMA DE LA MANO DE PHILIP BARANTINI.
Hay historias que nacen con pólvora en las venas. La huida es una de ellas. Y quizá por eso, décadas después de su estreno, sigue resultando tentadora para una industria que nunca se cansa de volver a encender mechas conocidas. Esta vez, el impulso viene de Netflix, que ha decidido relanzar el clásico criminal con una mirada contemporánea… y, previsiblemente, bastante más sudorosa.
El encargado de ponerse al volante es Philip Barantini, un cineasta que ha convertido la ansiedad en una herramienta narrativa. Tras firmar la intensa Boiling Point y la celebrada miniserie Adolescencia, su nombre parece casi una declaración de intenciones: aquí no habrá respiro. Si la versión original era un viaje marcado por la violencia seca y el fatalismo, esta promete añadirle una capa de inmediatez casi física.
El guion corre a cargo de Peter Craig, habituado a personajes que viven al borde del colapso emocional mientras sostienen un arma. Su trayectoria —de The Town: Ciudad de ladrones a The Batman— sugiere que esta nueva versión no se limitará a replicar la historia, sino que buscará explorar las grietas psicológicas de sus protagonistas.
Conviene recordar de dónde viene todo esto. La película original, La huida, dirigida por Sam Peckinpah y protagonizada por Steve McQueen y Ali MacGraw, era un relato de fuga constante: un matrimonio atrapado entre la ley y el crimen tras un atraco fallido. No había romanticismo en su viaje, solo la certeza de que cada kilómetro los acercaba más al desastre.
Ya hubo un intento de revisitarla en los noventa, con La huida protagonizado por Alec Baldwin y Kim Basinger. Pero esta nueva encarnación parece querer distanciarse tanto del clasicismo de Peckinpah como de aquel remake, apostando por una puesta en escena más inmersiva, casi claustrofóbica.
Barantini no filma persecuciones: las hace sentir. Su estilo, basado en planos secuencia y cámaras que respiran en la nuca de los personajes, convierte cada escena en una experiencia casi táctil. En ese sentido, La huida podría transformarse en algo más que un thriller: una carrera contra el tiempo vivida en presente continuo, sin el consuelo del montaje que permita tomar aire.
Mientras tanto, la maquinaria de Netflix no se detiene. Barantini y Craig ya preparan juntos Rabbit Rabbit, con Adam Driver y Regina Hall al frente. Una colaboración que confirma algo que Hollywood ha sabido siempre: cuando dos creadores encuentran el mismo pulso, la industria no tarda en empujarlos a correr… aunque sea sin mirar atrás.
Porque, al final, eso es lo que propone esta nueva La huida: no tanto revisitar un clásico como someterlo a otra velocidad. Más inmediata, más nerviosa, más pegada al latido. Una fuga donde quizá no importe tanto el destino como la forma en que se recorre el camino. Y donde, como en toda buena persecución, lo realmente inquietante no es quién te sigue… sino cuánto tiempo podrás seguir corriendo.

Este será el segundo remake de esta pelicula, creo que no hace falta.
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