EL REGRESO DE KENNETH LONERGAN TRAS DIEZ AÑOS DE AUSENCIA YA TIENE REPARTO.

EL REGRESO DE KENNETH LONERGAN TRAS DIEZ AÑOS DE AUSENCIA YA TIENE REPARTO. 

Diez años pueden parecer una eternidad en la industria del cine, pero en el caso de Kenneth Lonergan ese silencio ha sido más bien una pausa cargada de sentido. Tras la huella emocional que dejó Manchester frente al mar, el director vuelve a situarse tras la cámara con Tomorrow Is a Drag, un proyecto que, incluso envuelto todavía en misterio, ya despierta una expectación particular entre quienes siguen su cine con devoción.

No es difícil entender por qué. Lonergan ha construido su filmografía desde los márgenes de lo cotidiano, explorando las fisuras invisibles de las relaciones humanas con una sensibilidad poco común. Sus películas —de Puedes contar conmigo a Margaret— han sabido detenerse en los silencios, en las dudas, en los gestos que rara vez ocupan el centro del encuadre. Y todo apunta a que su nueva obra, cuyo rodaje arrancará en Nueva York el próximo otoño, seguirá orbitando ese territorio íntimo.

El reparto, encabezado por Aubrey Plaza, Adam Driver, Vanessa Kirby y Matthew Broderick, sugiere una combinación de registros que podría encajar con la mirada del cineasta: intérpretes capaces de habitar la fragilidad, la ironía y la tensión emocional sin necesidad de subrayados.

Aunque su argumento permanece en secreto, Tomorrow Is a Drag ya se mueve en los engranajes del Marché du Film, ese espacio donde los proyectos comienzan a definir su recorrido internacional al calor del Festival de Cannes. Allí coincide, de forma casi simbólica, con otra película que dialoga desde un lugar distinto con algunas de sus obsesiones: Paper Tiger, el nuevo trabajo de James Gray.

En esta, Adam Driver y Miles Teller interpretan a dos hermanos separados no por la guerra, sino por las decisiones y las circunstancias. Uno ha escalado hasta convertirse en un poderoso empresario en Queens; el otro, atrapado en una existencia más modesta, sobrevive aferrado a su familia, junto a su esposa, encarnada por Scarlett Johansson. Gray, fiel a su estilo, recurre al clasicismo para reconstruir el Nueva York de los años 80, pero lo hace desde una mirada que entiende la ciudad como un organismo moral, donde el crimen, la ambición y los lazos familiares se entrelazan sin solución de continuidad.

El contraste entre ambos proyectos resulta revelador. Mientras Lonergan parece inclinarse hacia lo íntimo y lo inasible, Gray se adentra en los códigos del drama criminal con vocación de gran relato. Sin embargo, en el fondo, ambos comparten una misma inquietud: la dificultad de comprender al otro cuando ese otro es, en realidad, alguien cercano. Un hermano, una pareja, uno mismo.

Así, entre anuncios industriales y mercados de distribución, se dibuja un mapa emocional donde el cine sigue encontrando su fuerza en los vínculos humanos. Porque, al final, más allá de géneros o presupuestos, lo que permanece es esa mirada que intenta descifrar lo que nos une… y lo que inevitablemente nos separa.



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