EL OJO CRITICO.
WARDRIVER (2026)
REPARTO: DANE DeHAAN, SASHA CALLE, MAMOUDOU ATHIE, JEFFREY DONOVAN, WILLIAM BELLEAU, LUZ OZUNA, KARINA SEGURA, CAMERON LEE PRICE, GARY HOUSE, BROOKE BURTON, THOMAS CUMMINS, CHARAN PRABHAKAR
DIRECTORA: REBECCA THOMAS
MÚSICA: MARK HARDISON GARBETT
PRODUCTORA: STAR THRPWER ENTERTAINMENT
DURACIÓN: 89 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Las mejores películas sobre hackers rara vez hablan de ordenadores. Hablan de personas. De individuos aislados, obsesivos, incapaces de conectar con el mundo real y condenados a buscar refugio en una pantalla. Wardriver, dirigida por Rebecca Thomas, entiende perfectamente esa idea y construye un thriller criminal que encuentra su verdadera identidad no en los robos digitales ni en los giros de guion, sino en la profunda melancolía que envuelve a sus personajes.
Desde sus primeros minutos, la película transmite una sensación de vacío difícil de ignorar. Las calles nocturnas, los aparcamientos casi desiertos, las luces artificiales reflejándose sobre el parabrisas del coche y el silencio constante que acompaña a Cole, el protagonista interpretado por Dane DeHaan, crean una atmósfera hipnótica. No estamos ante un thriller acelerado ni ante una sucesión de persecuciones espectaculares. Thomas apuesta por una narrativa pausada, casi contemplativa, que recuerda al cine negro moderno más que a las habituales producciones sobre ciberdelincuencia.
Dane DeHaan encuentra aquí uno de esos personajes que parecen hechos a medida para él. Su Cole es un hombre inteligente, introvertido y emocionalmente roto, alguien que se mueve por los márgenes de la sociedad mientras intenta convencerse de que sus delitos obedecen a una cierta moralidad. El actor dota al personaje de una vulnerabilidad constante que resulta fascinante. Cada mirada perdida, cada silencio y cada gesto contenido ayudan a construir un protagonista que genera empatía incluso cuando sus decisiones son cuestionables.
La gran virtud de Wardriver es precisamente esa capacidad para convertir una historia de robos informáticos en una tragedia emocional. Cuando Sarah entra en escena, interpretada por Sasha Calle, la película abandona progresivamente el terreno tecnológico para adentrarse en un universo de manipulaciones, deseos, engaños y dependencias afectivas. La tensión ya no nace de si el golpe saldrá bien o mal, sino de la imposibilidad de saber quién está utilizando a quién.
Rebecca Thomas demuestra un notable control visual durante todo el metraje. La fotografía nocturna posee una belleza fría y elegante que convierte cada desplazamiento en automóvil en una especie de viaje existencial. La ciudad parece un organismo dormido donde los personajes vagan como fantasmas incapaces de encontrar su lugar. En muchos momentos, el film parece más interesado en capturar estados de ánimo que en desarrollar la propia intriga, una decisión que puede dividir al público pero que dota a la obra de una personalidad muy marcada.
No todo funciona con la misma eficacia. El guion de Daniel Casey acumula varios giros durante el último tercio que, aunque entretenidos, terminan restando impacto emocional a algunas revelaciones importantes. Da la sensación de que la película confía demasiado en sorprender al espectador cuando lo realmente valioso ya estaba presente en la construcción de sus personajes. Algunos secundarios quedan además algo desdibujados, especialmente cuando la trama acelera hacia su desenlace.
Aun así, Wardriver posee algo que muchas producciones contemporáneas han perdido: atmósfera. Se trata de una película que permanece en la memoria más por sus sensaciones que por sus acontecimientos. Su historia de hackers, criminales y millones robados es solo la superficie. Bajo ella late un relato sobre la soledad, la necesidad de ser visto y la facilidad con la que una persona puede perderse persiguiendo una conexión emocional.
Rebecca Thomas firma una obra imperfecta pero absorbente, un thriller nocturno que mezcla romanticismo tóxico, cine negro y crimen digital con una identidad visual muy definida. Quizá no alcance la profundidad que ambiciona ni todos sus giros resulten memorables, pero durante noventa minutos consigue algo cada vez más difícil: envolver al espectador en un estado de ánimo del que cuesta salir cuando aparecen los créditos finales. Una película pequeña en escala, pero sorprendentemente grande en emociones.


Pelicula que va de menos a mas, aunque el final deja un poco que desear en su resolución. Lastima que los actores tengas escaso carisma.
ResponderEliminar