EL OJO CRITICO.
SORRY, BABY (2025)
REPARTO: EVA VICTOR, NAOMI ACKIE, LUCAS HEDGES, JOHN CARROL LYNCH, LOUIS CANCELMI, KELLY McCORMACK, ALISON WATCHLER, DANNY DIAZ, HETTIENNE PARKINSON, CODY REISS, JORDAN MENDOZA
DIRECTORA: EVA VICTOR
MÚSICA: ROB RUSLI
PRODUCTORA: TANGO ENTERTAINMENT
DURACIÓN: 103 min.
En Baby, Sorry, Eva Victor se adentra en ese territorio resbaladizo donde la comedia incómoda y el drama íntimo se rozan sin llegar a mezclarse del todo, como si la película estuviera constantemente decidiendo —o evitando decidir— qué quiere ser. El resultado es una obra que respira autenticidad en sus mejores momentos, pero que también se permite perderse en sus propias digresiones emocionales.Lejos de las estructuras tradicionales, la cinta apuesta por una narrativa fragmentada, casi caprichosa, que sigue a su protagonista en un estado de deriva vital donde las relaciones personales funcionan como espejos deformantes. No es tanto una historia de redención como de exposición: de mostrar las grietas sin necesidad de cerrarlas. Y en ese sentido, Victor demuestra una sensibilidad especial para capturar lo incómodo, lo torpe, lo que normalmente quedaría fuera del encuadre en un relato más convencional.
El tono es, quizá, su mayor virtud y también su principal riesgo. Hay un pulso muy preciso en cómo la película alterna momentos de humor seco con instantes de vulnerabilidad casi brutal. Las conversaciones parecen fluir sin artificio, con silencios que dicen tanto como las palabras. Sin embargo, esa misma naturalidad puede volverse en contra del conjunto cuando el ritmo se diluye y ciertas escenas se alargan más de lo necesario, como si la película dudara entre avanzar o quedarse habitando el instante.
Visualmente, Baby, Sorry opta por una estética contenida, cercana, que refuerza la sensación de intimidad. No busca impresionar, sino acercarse. La cámara se convierte en una presencia casi invisible, testigo de pequeñas catástrofes emocionales que no necesitan subrayado. Todo parece diseñado para que el espectador no observe desde fuera, sino que se sienta dentro, incómodamente cerca.
Donde la película termina de encontrar su identidad es en su honestidad. No hay grandes giros ni resoluciones claras, sino una acumulación de momentos que construyen un retrato generacional marcado por la incertidumbre, la culpa y la dificultad de conectar de forma genuina. Puede que no todas sus piezas encajen con precisión, pero hay una verdad latente que atraviesa el metraje.
Baby, Sorry no busca gustar a todo el mundo ni ofrecer respuestas tranquilizadoras. Es una película que se permite ser imperfecta, incluso errática, pero que encuentra fuerza precisamente en esa imperfección. Y cuando acierta, lo hace con una cercanía desarmante, dejando la sensación de haber asistido no tanto a una historia cerrada, sino a un fragmento de vida capturado con una lucidez incómoda.


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