EL OJO CRITICO.
THE MOMENT (2026)
REPARTO: CHARLI XCX, RACHEL SENNOTT, ALEXANDER SKARSGARD, ROSANNA ARQUETTE, HAILEY GATES, KATE BERLANT, JAMIE DEMETRIOU, KYLIE JENNER, ISAAC COLE POWELL, ARIELLE DOMBASLE, TREW MULLEN, MICHAEL WORKEYE
DIRECTOR: AIDAN ZAMIRI
MÚSICA: ALEXANDER GUY COOK
PRODUCTORA: A24
DURACIÓN: 104 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Hay películas que se miran; otras se atraviesan. The Moment pertenece a esa segunda especie, una criatura nerviosa, excesiva, febril, que parece filmada con el pulso acelerado de una noche que no quiere terminar. No es exactamente un biopic, ni una sátira convencional, ni un falso documental al uso. Es más bien un cortocircuito entre ego, performance, ansiedad y cultura pop. Y precisamente por eso resulta tan estimulante.
Charli XCX, jugando una versión deformada de sí misma, no interpreta tanto un personaje como una combustión. Se mueve por la película como alguien que lleva demasiado tiempo dentro del ruido, atrapada entre el espectáculo que ella misma ha creado y la maquinaria que quiere apropiárselo. Hay una inteligencia salvaje en esa autocaricatura: se ridiculiza, se expone, se protege y se dinamita al mismo tiempo. No busca caer simpática. Busca incomodar. Y ahí gana.
La película, dirigida por Aidan Zamiri, tiene algo de pesadilla fluorescente. Arranca como si This Is Spinal Tap hubiera inhalado neón y ansiedad digital, pero pronto deriva hacia otra cosa más extraña: una comedia abrasiva sobre la mercantilización del yo. Todo está filmado como si pudiera desmoronarse en cualquier instante. Reuniones absurdas, ejecutivos vampíricos, decisiones delirantes, cameos que funcionan como puñaladas cómicas… pero bajo esa superficie hay una tristeza latente: el miedo a que “el momento” pase.
Y de eso trata realmente la película. No del éxito, sino del pánico a no sostenerlo.
Lo fascinante es cómo convierte el universo pop en un territorio casi paranoico. Cada plano parece contaminado por el agotamiento de una artista convertida en marca. Incluso cuando la película se permite bromear —y lo hace con un humor seco, a ratos cruel— siempre asoma una pulsión melancólica. Como si bajo la sátira latiera una confesión.
No todo funciona. Hay tramos erráticos, escenas que se recrean en el caos más de lo necesario y una segunda mitad que parece a punto de descarrilar. Pero quizá ahí reside parte de su encanto. The Moment no aspira a ser pulcra; quiere ser imprevisible. Su desorden forma parte de su identidad.
Y en medio de todo está Charli. Sorprendentemente magnética. No porque “demuestre” ser actriz en un sentido clásico, sino porque entiende la película desde dentro. Tiene timing, ferocidad, vulnerabilidad y una rara conciencia del ridículo. Sabe cuándo volverse caricatura y cuándo dejar asomar una grieta emocional real. Esa mezcla sostiene el film incluso cuando este amenaza con desintegrarse.
Visualmente es un estallido: cámaras nerviosas, estética de videoclip mutada en lenguaje narrativo, colores agresivos, texturas casi tóxicas. Pero lo interesante es que esa estilización no es adorno; es discurso. Todo parece diseñado para transmitir saturación.
Lo que deja The Moment al terminar es una sensación extraña, como salir de una fiesta brillante justo cuando amanece y descubrir que la euforia tenía algo de duelo.
No es una película perfecta. Es mejor: es una película viva. Excéntrica, insolente, por momentos agotadora, por momentos brillante. Una obra que entiende que la fama hoy no es un pedestal, sino un estado de combustión permanente.
Y en esa combustión, Charli XCX no solo sobrevive. Arde.


El film tiene toda la estética de un documental de los años 70 incluyendo una fotografía granulada. A mi personalmente la pelicula no me gusto, por esa mezcla de documental con aire de cine independiente.
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