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EL OJO CRITICO.
MISDIRECTION (2026)
REPARTO: FRANK GRILLO, OLGA KURYLENKO, ARMAND ASSANTE, LACY McCLORY, LANDA MORLAND, OLIVER TREVENA, VLADISLAV LAPIDUS, EMILIJA MATIC
DIRECTOR: KEVIN LEWIS
MÚSICA: MOXY BROTHERS
PRODUCTORA: OLLYWOOD MEDIA
DURACIÓN: 88 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
A lo largo de la historia se han realizado thrillers que viven del engaño, y luego están los que convierten el engaño en atmósfera. Misdirection, dirigida por Kevin Lewis, pertenece a esa segunda especie: una película pequeña en escala, casi de cámara, pero cargada de una tensión que se retuerce sobre sí misma hasta transformarse en otra cosa. Empieza como un noir de asalto doméstico, casi como si quisiera dialogar con Don't Breathe, y acaba desplazándose hacia un juego mucho más turbio de manipulación, traiciones y violencia moral.
Su premisa parece conocida: un último golpe, una pareja de ladrones al borde de dejar atrás el crimen, un objetivo aparentemente perfecto. Pero la película disfruta desmontando esa familiaridad. Lo que parece un thriller de intrusión pronto muta en un combate psicológico donde nadie es exactamente quien parece. El título, en ese sentido, no es una promesa vacía: la película vive de desviar la mirada.
Olga Kurylenko sostiene buena parte del film con una mezcla muy eficaz de fragilidad y nervio. Su Sara está escrita desde el cansancio, pero interpretada con una electricidad soterrada que mantiene viva la incertidumbre. Nunca sabes si está sobreviviendo o calculando. Y esa ambigüedad le da espesor a un personaje que, en otras manos, habría sido funcional.
Pero quien termina adueñándose de la película es Frank Grillo. No porque haga algo radicalmente distinto a lo que suele hacer, sino porque convierte su habitual dureza en algo más sinuoso. Hay una amenaza elegante en su presencia, una calma venenosa. Grillo entiende que el verdadero peligro rara vez grita. A veces simplemente sonríe. Y juega con eso admirablemente. Incluso quienes han sido tibios con la película suelen señalarlo como uno de sus grandes activos.
Lo interesante de Misdirection es que no busca la espectacularidad del thriller moderno saturado de giros imposibles. Prefiere el espacio cerrado, la sospecha, el desplazamiento constante del poder entre personajes. Casi parece una obra de teatro criminal contaminada por el pulp.
Eso no significa que sea impecable. No lo es.
Hay momentos en los que
el guion fuerza demasiado sus revelaciones, y algunas vueltas de
tuerca tienen ese aroma de artificio que amenaza con romper la
tensión en lugar de multiplicarla. También hay irregularidades de
ritmo, zonas donde la película parece contener una energía que no
termina de estallar.
Y sin embargo funciona. Porque
incluso en sus excesos conserva personalidad.
Kevin Lewis filma el suspense como una ratonera moral, no solo física. Cada pasillo, cada habitación, cada silencio parece diseñado para que algo se fracture. Y cuando la película se entrega a esa lógica de pesadilla cerrada es cuando encuentra su mejor versión.
Visualmente tiene una aspereza atractiva, casi de serie B orgullosa de serlo. No pretende esconder sus costuras; las convierte en textura. Eso le da una honestidad extraña, una energía sucia que muchos thrillers más pulidos han perdido.
Misdirection no reinventa el género. Pero lo tuerce lo suficiente como para resultar estimulante.
Es un juego de máscaras donde nadie sale limpio.
Un thriller venenoso, irregular, sí… pero con colmillos.
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