EL OJO CRITICO.
LA LEYENDA DE OCHI (2025)
REPARTO: HELENA ZENGEL, FINN WOLFHARD, WILLEM DAFOE, EMILY WATSON, RAZVAN STOICA, CAROL BORS, DAVID ANDREI BALTATU, ANDREI ANGHEI, EDUARD MIHAIL OANCEA, GABRIEL SPAHIU
DIRECTOR: ISAIAH SAXON
MÚSICA: DAVID LONGSTRETH
PRODUCTORA: A24
DURACIÓN: 95 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
En un paisaje que parece suspendido entre la fábula y la memoria, La leyenda de Ochi se abre paso como una de esas películas que no buscan deslumbrar a base de ruido, sino envolver al espectador con una atmósfera que se respira más que se observa. Lo que propone no es tanto una historia al uso como una experiencia sensorial, casi íntima, donde la naturaleza y lo desconocido dialogan en un lenguaje propio.
Dirigida por Isaiah Saxon, la película se mueve en un terreno que recuerda al cine fantástico más orgánico, aquel que no necesita grandes artificios digitales para construir lo extraordinario. Aquí, lo mágico nace de lo tangible: bosques húmedos, criaturas que parecen esculpidas por la tierra misma, y una sensación constante de que algo ancestral observa desde las sombras.
El relato sigue a una joven que, en contra de todo lo que le han enseñado, decide proteger a una criatura considerada peligrosa. A partir de ahí, la película articula un viaje que es tanto físico como emocional. Pero lo interesante es que Saxon evita los caminos más evidentes: no hay moralejas subrayadas ni giros grandilocuentes. Todo fluye con una cadencia pausada, casi hipnótica, que puede desconcertar a quien espere un desarrollo más convencional.
En ese universo destaca la presencia de Willem Dafoe, que vuelve a demostrar por qué es uno de los intérpretes más magnéticos de su generación. Su personaje, áspero y marcado por una relación conflictiva con lo desconocido, funciona como contrapunto perfecto a la mirada más abierta y curiosa de la protagonista. Dafoe no necesita grandes discursos: le basta una mirada tensa, un gesto contenido, para transmitir una vida entera de temores y convicciones.
Visualmente, la película apuesta por una estética que combina lo artesanal con lo poético. Las criaturas, lejos de la perfección digital, tienen textura, peso, incluso fragilidad. Y eso las hace más creíbles, más cercanas. La cámara se detiene en los detalles, en los silencios, en los pequeños movimientos, como si quisiera que el espectador se adentrara poco a poco en ese mundo en lugar de ser arrastrado por él.
Sin embargo, no todo funciona con la misma precisión. Su ritmo deliberadamente lento puede jugar en su contra, y en ciertos tramos la narración parece diluirse, como si la película estuviera más interesada en su atmósfera que en avanzar. Esa decisión, que para algunos será su mayor virtud, para otros puede convertirse en una barrera difícil de atravesar.
Pero incluso en sus momentos más irregulares, La leyenda de Ochi mantiene algo difícil de encontrar: una personalidad clara, una voluntad de contar desde otro lugar. No pretende gustar a todo el mundo, ni lo necesita. Su ambición es otra: invitar a mirar, a escuchar, a sentir.
Al final, lo que queda no es tanto una historia cerrada como una sensación persistente, casi un eco. Como si, al salir de la sala, uno siguiera oyendo ese susurro de lo salvaje que la película ha sabido despertar.


La mejor pelicula y de largo que ha salido de A24, es un bonito canto a la amistad y al amor maternal. Una pelicula de aventuras muy bien ambientada, con una excelente fotografía muy correctas. Por cierto el bichito protagonista tiene un aire muy parecido al de Gizmo el gremlin bueno de la mítica pelicula de Joe Dante.
ResponderEliminar