EL OJO CRITICO.
LA CRONOLOGIA DEL AGUA (2025)
REPARTO: IMOGEN POOTS, THORA BIRCH, JAMES BELUSHI, JAMES STURRIDGE, EARL CAVE, CHARLIE CARRICK, MICHAEL EPP, KIM GORDON, SUSANNAH FLOOD, JEREMY ANG JONES, ANNA WITTOWSKY, ELEANOR HAHN, GEORGIA DETTMER
DIRECTORA: KRISTEN STEWART
MÚSICA: PARIS HURLEY
PRODUCTORA: SCOTT FREE PRODUCTIONS
DURACIÓN: 128 min.
PAÍS: REINO UNIDO, ESTADOS UNIDOS, FRANCIA, LETONIA
En La cronología del agua, The Chronology of Water no se entra: se cae dentro. La película dirigida por Kristen Stewart adapta el desgarrador texto autobiográfico de Lidia Yuknavitch como si estuviera manipulando recuerdos húmedos, fragmentos de una memoria rota que todavía sangra al tocarla. El resultado no es una narración convencional, sino una experiencia emocional densa, incómoda y profundamente física.Desde el primer minuto, la película parece respirar bajo el agua. Todo late con una sensación de asfixia emocional que acompaña a la protagonista, interpretada por una inmensa Imogen Poots, que ofrece probablemente el trabajo más feroz y vulnerable de su carrera. Su personaje no busca la redención ni la simpatía del espectador. Busca sobrevivir. Y esa diferencia lo cambia todo.
Poots convierte cada gesto en una grieta. Su mirada transmite agotamiento, deseo, rabia, culpa y hambre de libertad al mismo tiempo. Hay escenas donde apenas habla y, aun así, parece estar gritando desde un lugar enterrado durante años. Su interpretación tiene algo peligrosamente honesto, como si la cámara estuviera capturando emociones que no deberían ser vistas. En un panorama cinematográfico cada vez más obsesionado con las emociones empaquetadas y limpias, ella se atreve a mostrarse rota, contradictoria y brutalmente humana.
La dirección de Stewart sorprende precisamente porque evita el exhibicionismo típico de muchas óperas primas. No intenta impresionar con artificios vacíos. Su cine aquí es intuitivo, nervioso, sensorial. Filma los cuerpos como territorios marcados por el trauma y el deseo. El montaje rompe la linealidad del relato constantemente, pero nunca se siente gratuito: funciona como funciona la memoria real, saltando entre heridas, impulsos y recuerdos imposibles de ordenar.
Visualmente, la película posee una textura casi táctil. El agua está presente en cada rincón, no solo como símbolo, sino como estado emocional. Piscinas, sudor, lluvia, lágrimas, respiraciones contenidas… todo parece flotar alrededor de una mujer que intenta reconstruirse mientras se hunde. Stewart entiende que el dolor no siempre se explica; a veces simplemente se siente.
Lo más admirable de La cronología del agua es que jamás busca la comodidad del espectador. Algunas secuencias son durísimas, incluso caóticas, pero precisamente ahí reside su fuerza. No quiere ser una película “bonita” sobre el trauma. Quiere capturar el desorden salvaje de alguien intentando reapropiarse de su propia vida después de haber sido consumida por ella.
El filme también funciona como una declaración artística de Stewart, que demuestra una sensibilidad visual inesperadamente madura. Su mirada como directora tiene algo eléctrico, casi punk, pero también una delicadeza extraña cuando observa la fragilidad de su protagonista. No juzga a sus personajes. Los acompaña.
Al terminar, queda una sensación difícil de describir: agotamiento emocional, sí, pero también una especie de liberación amarga. Como salir de una tormenta todavía empapado. La cronología del agua no es cine diseñado para gustar a todo el mundo. Es cine que araña, incomoda y permanece. Y precisamente por eso resulta tan imposible de olvidar.


Kristen Stewart es una actriz con un talento interpretativo muy limitado, en esta incursión en la dirección demuestra que como directora es un cero patatero para ser venevolente. El film es mas bien una obra de arte de ensayo, que seguramente dejara descolocado a cualquier espectador que no le guste este tipo de cine.
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