"EL DIABLO VISTE DE PRADA 2" ARRASA CON TODO EN LA TAQUILLA.

 "EL DIABLO VISTE DE PRADA 2" ARRASA CON TODO EN LA TAQUILLA.

Hay fines de semana en los que la taquilla no solo mide el pulso del público, sino también deja en evidencia nuestras propias contradicciones. Nos quejamos —con razón, a veces— de la falta de riesgo, de la repetición constante, de esa maquinaria que recicla éxitos pasados… y, sin embargo, ahí están los números, implacables, desmontando cualquier discurso. El diablo viste de Prada 2 ha irrumpido con más de 233 millones de dólares en apenas cinco días. Un golpe sobre la mesa. Un recordatorio.

Porque no se trata solo de que funcione: es que lo hace con una fuerza que roza lo inevitable. En ese mismo tablero, Michael continúa su avance y ya supera los 400 millones globales, consolidándose como otro de esos fenómenos que, sin hacer demasiado ruido previo, terminan dominando la conversación.

Y claro, uno puede ironizar —incluso con cierta mala leche— sobre este tipo de cine, pero las cifras no entienden de ironía. La secuela de Miranda Priestly ha alcanzado en menos de una semana cerca del 70% de lo que logró la original hace dos décadas. No es nostalgia: es permanencia. Es marca. Es, también, una forma muy concreta de conectar con el espectador contemporáneo sin necesidad de reinventarse.

Mientras tanto, otros títulos orbitan alrededor de este doble epicentro. Super Mario Galaxy: La película y Proyecto Salvación siguen presentes, aunque inevitablemente desplazados del foco principal. Especialmente significativa es esta última: producida por Amazon MGM Studios, ya ha superado los 634 millones de F1 La película, convirtiéndose en la producción más taquillera surgida de una plataforma de streaming. Un cambio de paradigma que ya no es tendencia, sino realidad consolidada.

En un segundo plano quedan los estrenos más discretos —Hokum, Animal Farm, Deep Water, One Spoon of Chocolate o That Time I Got Reincarnated as a Slime La Película: Lágrimas del Mar Celeste— que apenas logran hacerse un hueco en lo económico. No fracasan tanto como desaparecen, diluidos en un ecosistema donde la visibilidad es tan importante como la calidad.

En contraste, hay trayectorias que ya no admiten discusión. Hoppers, El drama y La momia avanzan con paso firme hacia ese territorio donde el éxito deja de ser una promesa para convertirse en certeza. Especialmente llamativo es el caso de esta última dentro del catálogo de A24: ya es la cuarta película más taquillera de su historia, superando incluso a Materialistas. No es poca cosa para un estudio que ha construido su identidad precisamente en los márgenes del gran espectáculo.

Y luego están los silencios. Los tropiezos que apenas hacen ruido. Mother Mary apunta a un cierre doméstico por debajo de los 3 millones en Estados Unidos, una cifra que duele menos cuando el resto del tablero compensa. Para Anne Hathaway, en cualquier caso, el golpe queda amortiguado por el éxito simultáneo de Prada. Y para David Lowery, probablemente no sea más que una pausa antes de su próximo movimiento —quizá ya en conversaciones con The Walt Disney Company.

Como nota al margen, casi como un gesto de resistencia cinéfila, queda el estreno limitado de Resurrection en apenas 50 salas españolas. Una presencia casi fantasmagórica en comparación con el ruido del mainstream. Pero también un recordatorio: el cine sigue existiendo más allá de las cifras, aunque a veces haya que buscarlo con lupa.

Porque sí, la taquilla dicta tendencias. Pero no siempre define el alma del cine.



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