EL CINE DE LOS AÑOS 70. GODZILLA CONTRA CIBERGODZILLA (1974)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.


GODZILLA CONTRA CIBERGODZILLA (1974)

REPARTO: MASAAKI DAIMON, KAZUYA AOYAMA, REIKO TAJIMA, BERU-BERA LIN, HIROMI MATSUSHITA, GORO MUTSUMI, AKIHIKO HIRATA, HIROSHI KOIZUMI, KENJI SAHARA, SHIN KISHIDA, ISAO ZUSHI

DIRECTOR: JUN FUKUDA 

MÚSICA: MASARU SATO 

PRODUCTORA: TOHO 

DURACIÓN: 84 min.

PAÍS: JAPON

En pleno corazón de los años setenta, cuando el cine de monstruos japonés comenzaba a transformarse en una fiesta delirante de ciencia ficción, color y destrucción masiva, Godzilla contra Cibergodzilla apareció como una de las entregas más extrañas, imaginativas y descaradamente entretenidas de toda la franquicia. Jun Fukuda tomó las riendas con una energía casi infantil, abrazando el caos sin complejos y convirtiendo la película en una montaña rusa donde caben invasiones alienígenas, robots gigantes, profecías ancestrales y ciudades reducidas a escombros bajo un cielo incendiado.

Lo primero que sorprende es el tono. La película no intenta esconder su naturaleza extravagante; al contrario, la exhibe con orgullo. Cada escena parece diseñada para empujar la historia un poco más hacia el exceso. Desde el descubrimiento de un misterioso monstruo mecánico disfrazado de Godzilla hasta la aparición de simios extraterrestres que conspiran desde bases secretas, todo respira esa mezcla maravillosa entre serial pulp, cómic de ciencia ficción y espectáculo televisivo de sábado por la tarde. Fukuda entiende perfectamente que el espectador no busca realismo, sino asombro, y juega esa carta hasta el final.

Pero detrás de toda esa locura visual existe algo fascinante: la película transmite una sensación constante de aventura. Los personajes humanos, aunque simples, funcionan como piezas de un relato que nunca se detiene. Científicos, agentes secretos y profecías conectadas con antiguas estatuas convierten la narración en una especie de sueño febril donde cada diez minutos sucede algo inesperado. El ritmo es tan acelerado que apenas deja espacio para respirar.

Visualmente, la película posee el encanto artesanal del viejo cine kaiju. Las maquetas destruidas, los rayos láser imposibles y los combates entre criaturas gigantes tienen una textura física que hoy resulta casi hipnótica. Todo se mueve con una torpeza entrañable, pero precisamente ahí reside parte de su magia. Cada explosión, cada edificio derrumbado y cada golpe entre monstruos parecen hechos con pasión absoluta por un grupo de cineastas que sabían perfectamente el impacto que aquellas imágenes podían tener en la imaginación del público.

Y luego está Cibergodzilla. Su aparición sigue siendo icónica décadas después. Ese doble metálico de Godzilla, frío y amenazador, representa una idea brillantemente sencilla: convertir al protector caótico de Japón en una pesadilla mecánica. Su diseño todavía impresiona por la agresividad de sus formas y por esa mirada vacía que lo hace parecer una máquina nacida únicamente para destruir.

La batalla final es puro delirio glorioso. Rayos, humo, rugidos, edificios cayendo y monstruos enfrentándose como titanes furiosos mientras la banda sonora eleva cada momento hasta convertirlo en una ópera pop de destrucción masiva. Fukuda no busca sofisticación; busca espectáculo, y lo consigue con una sinceridad aplastante.

Vista hoy, Godzilla contra Cibergodzilla funciona como una cápsula del tiempo de una época en la que el cine fantástico todavía podía permitirse ser ingenuo, excesivo y profundamente imaginativo sin pedir disculpas. Una película imperfecta, sí, pero también vibrante, desatada y absolutamente imposible de olvidar.



Comentarios

  1. Mejor que anteriores entregas lo es, pero en general es muy regulera, no deja de ser curioso que los extraterrestres que se quieren apoderar de la tierra cuando los matan convierten en simios su aspecto original. Pienso que esto es un claro guiño a la saga del planeta de los simios de los años 70.

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