EL CINE DE LOS AÑOS 70. GALLOS DE PELEA (1974)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.


GALLOS DE PELEA (1974)

REPARTO: WARREN OATES, RICHARD B. SHULL, HARRY DEAN STANTON, TROY DONAHUE, ED BEGLEY JR., LAURIE BIRD, MILLIE PERKINS, STEVE RAILSBACK, WARRREN FINNERTY, ROBERT EARL JONES, PATRICIA PEARCY, PETE MUNRO

DIRECTOR: MONTE HELLMAN MÚSICA: MICHAEL FRANKS PRODUCTORA: NEW WORLD PICTURES DURACIÓN: 84 min.

Cockfighter —estrenada en España como Gallos de pelea— posee el polvo, el sudor y la tristeza de la América olvidada que tan pocas veces ha retratado el cine con semejante honestidad. Lejos del glamour de Hollywood y de cualquier tentación épica, Monte Hellman construye una película seca, silenciosa y extrañamente hipnótica sobre hombres incapaces de escapar de sí mismos. Y en el centro de todo aparece Warren Oates, probablemente uno de los rostros más fascinantes y castigados que dejó el cine estadounidense de los setenta.

Oates interpreta a Frank Mansfield, un criador de gallos de pelea obsesionado con convertirse en campeón nacional mientras arrastra una existencia miserable entre moteles baratos, carreteras secundarias y apuestas clandestinas. Pero Gallos de pelea nunca trata realmente sobre las peleas de animales. Lo que Monte Hellman filma es la autodestrucción masculina convertida casi en religión.

Frank es un personaje roto incluso antes de comenzar la película. Habla poco, observa mucho y parece avanzar por el mundo como alguien que ha perdido toda conexión emocional con cuanto le rodea. Tras una humillación pública, decide guardar silencio absoluto hasta lograr su objetivo. Esa promesa transforma la interpretación de Warren Oates en algo casi milagroso: el actor transmite desesperación, orgullo, rabia y derrota sin necesidad de grandes discursos. Cada arruga de su rostro parece contar una vida entera de fracasos.

La película posee un ritmo pausado y áspero, casi documental en algunos momentos. Monte Hellman filma los combates de gallos con una crudeza incómoda, evitando glorificarlos pero sin esconder tampoco la fascinación enfermiza que producen en quienes viven atrapados en ese mundo. El espectador termina entendiendo que esos animales destrozándose entre sí son un reflejo brutal de los propios personajes: criaturas condenadas a luchar hasta quedar destruidas porque no conocen otra forma de existir.

Visualmente, Cockfighter respira verdad. Los bares decadentes, las ferias polvorientas, las habitaciones de motel y las carreteras interminables forman un paisaje profundamente melancólico. No existe romanticismo en esa América sureña que retrata Hellman. Todo parece gastado, cansado, al borde del derrumbe moral y económico. La película transmite constantemente la sensación de estar observando un universo condenado a desaparecer.

Y sin embargo, dentro de toda esa suciedad emocional emerge una extraña belleza. Hellman encuentra poesía en los silencios, en las miradas perdidas y en la obstinación absurda de un hombre empeñado en perseguir un sueño que probablemente ni siquiera le hará feliz. La película habla sobre la masculinidad herida, sobre la obsesión y sobre esa necesidad tan humana de aferrarse a algo, aunque ese algo termine destruyéndote lentamente.

Resulta imposible no pensar en el Nuevo Hollywood mientras se contempla esta obra. Como muchas películas de los setenta, rechaza las estructuras convencionales y se interesa más por los personajes derrotados que por los héroes. Pero Gallos de pelea va todavía más lejos en su pesimismo. No ofrece redención fácil ni moralejas reconfortantes. Observa a sus personajes con una mezcla de dureza y compasión casi dolorosa.

Vista hoy, la película sigue conservando una fuerza extraña, incómoda y profundamente humana. Puede que no sea una obra conocida para el gran público, pero precisamente ahí reside parte de su grandeza: en sentirse como una joya secreta del cine americano más triste y polvoriento. Y en medio de ella, Warren Oates entrega una de esas interpretaciones que parecen vividas en lugar de actuadas, como si el personaje hubiese existido mucho antes de que la cámara empezara a rodar.



Comentarios

  1. El cine de Monte Hellman no me llama la atención al menos lo que he visto hasta ahora, y esta no es menos. Tanta pelea de gallos al final se hace cargante. Lo mejor la interpretación de Warren Oates con un personaje que apenas dice palabra.

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