EL CAÑON DE CLINT EASTWOOD EN "EL BUENO, EL FEO Y EL MALO" APARECE EN CARTAGENA.
A veces, el cine deja huellas que sobreviven al paso del tiempo con una obstinación casi poética. No son solo imágenes o melodías, sino objetos tangibles que permanecen en silencio hasta que alguien, con paciencia y curiosidad, logra devolverles su historia. Eso es exactamente lo que ha ocurrido en Cartagena, donde una pieza de artillería ha revelado un vínculo directo con uno de los momentos más icónicos del western europeo.
El hallazgo lleva la firma de Diego Montero, miembro de la Asociación Cultural Sad Hill, quien ha identificado un cañón expuesto en el Museo Histórico Militar de Cartagena como el mismo que utilizó Clint Eastwood en la secuencia final de El bueno, el feo y el malo. No se trata de una suposición ligera: la identificación ha sido posible tras un minucioso cruce de datos entre documentación histórica del museo y el libro Behind the Scenes of Sergio Leone's The Good, the Bad and the Ugly, de Peter J. Hanley.
La pieza en cuestión, registrada como MUE-5410, es un cañón Whitworth de 1873, fabricado en Manchester. Su calibre de 75 mm y su singular ánima hexagonal lo convierten en un ejemplo notable de la ingeniería militar del siglo XIX. Antes de su inesperada segunda vida cinematográfica, ya había conocido el fuego real durante la Tercera Guerra Carlista, lo que añade una capa más de historia a su recorrido.
Cuando Sergio Leone preparaba el rodaje de su película en España, recurrió al Museo del Ejército en Madrid para dotar de autenticidad a sus escenas bélicas. Diversos cañones y morteros originales fueron trasladados bajo supervisión militar hasta las localizaciones de la provincia de Burgos, donde el cineasta italiano levantó su particular universo del Oeste. Entre ellos, sin que nadie lo sospechara entonces, viajaba esta pieza que hoy vuelve a cobrar protagonismo.
El redescubrimiento llega en un momento especialmente simbólico, a las puertas del 60 aniversario del rodaje del filme en tierras burgalesas. Sin embargo, no todo son buenas noticias para los organizadores de las celebraciones: el cañón no podrá desplazarse para formar parte de los actos previstos. Aun así, el hallazgo amplía el mapa emocional de la película, sumando Cartagena a un itinerario que ya incluye enclaves míticos como el valle del Arlanza, el desierto de Tabernas o las sierras madrileñas.
Restaurado en 2010 por la Asociación de Amigos del museo —un grupo de voluntarios británicos y españoles—, el cañón ha permanecido durante años como una pieza histórica más, ajena a su pasado cinematográfico. Ahora, en cambio, se transforma en un puente entre dos mundos: el de la historia y el del cine.
Quizá ese sea el mayor encanto de este descubrimiento. Saber que, en una sala tranquila de museo, descansa el mismo objeto que un día, bajo el sol de España y la mirada de Leone, ayudó a construir uno de los finales más memorables del cine. Un recordatorio de que el celuloide, a veces, también deja cicatrices de acero.

Ahora que se pone de moda el turismo cinéfilo, no esta de mas pasarse por Cartagena, aunque solo sea por contemplar el cañón. jajaja!!!
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