CHRISTIAN BATETA HA EMPEZADO A RODAR LA QUE SERÁ SU OPERA PRIMA, "MI ZONA".
El paisaje no será un simple decorado: será una amenaza. En Mi zona, la tierra seca, la carretera interminable y el silencio casi mineral construyen un territorio que respira hostilidad, un espacio donde cada paso parece acercar a los personajes a un límite del que quizá no haya regreso. En ese entorno áspero, una desaparición actúa como detonante: una joven se esfuma tras quedar atrapada en mitad de la nada, y su hermana emprende una búsqueda que pronto deja de ser solo física para convertirse en una lucha contra el tiempo, el miedo y un entorno que parece devorar cualquier esperanza.
La historia, situada en los años 80, se mueve entre el thriller de supervivencia, el western crepuscular y un leve pero inquietante pulso de terror. No hay refugio posible: la mina, el polvo, el asfalto y el silencio operan como una presión constante que va estrechando el cerco narrativo, obligando a los personajes a enfrentarse tanto a lo exterior como a sus propias fracturas internas. Cada decisión pesa, cada avance cuesta, y la tensión se construye más desde la atmósfera que desde el artificio.
Detrás de este debut se encuentra Cristian Beteta, que además firma el guion junto a Lara Stoop. Su salto al largometraje llega tras haber llamado la atención con el cortometraje Ángulo muerto, un trabajo que ya apuntaba maneras en la construcción de tensión y en el uso del espacio como elemento dramático. Ahora, con Mi zona, da un paso más ambicioso, respaldado por una producción que apuesta por el género sin complejos.
El reparto reúne a nombres de fuerte presencia: Milena Smit, Roberto Álamo, Irene Escolar, Diego Anido, Eva Llorach y Estefanía de los Santos. Un conjunto interpretativo que sugiere intensidad, matices y un trabajo emocional exigente, acorde con la dureza del relato.
La película se rodará durante cinco semanas en Gran Canaria y Fuerteventura, localizaciones que no solo aportan autenticidad visual, sino que se integran en el ADN de la historia. Con un presupuesto de cuatro millones de euros y el respaldo de Inefable Production (ISII Group), el proyecto se inscribe dentro de una línea clara de apoyo a nuevas voces.
Desde producción, Lydia Palencia destaca precisamente esa vocación: apostar por talento emergente y por propuestas con identidad. El entusiasmo con el que recibieron el guion de Beteta no hizo más que consolidarse tras el reconocimiento obtenido por su trabajo previo.
Por su parte, el director no oculta la dimensión casi personal del proyecto. Para él, levantar una película de estas características —y dentro del cine de género— no es solo una oportunidad, sino la materialización de una convicción creativa. Y en ese cruce entre riesgo, paisaje y emoción, Mi zona parece querer construir algo más que un relato: una experiencia de asfixia progresiva donde el entorno y el alma de los personajes se confunden hasta volverse indistinguibles.

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