AINA CLOTET SERÁ EL PREMIO REVELACION DE LA SEMANA DE LA CRITICA DEL FESTIVAL DE CANNES 2026.
En un festival donde cada año se persiguen nuevas miradas, la aparición de Aina Clotet ha tenido algo de revelación en el sentido más puro de la palabra. Su debut como directora, Viva, no solo ha encontrado su lugar en la Semana de la Crítica, sino que ha sido distinguido con el premio destinado a destacar la voz más sorprendente de la edición.
El reconocimiento, otorgado en colaboración con la Fundación Louis Roederer, no premia únicamente una película, sino una forma de entender el cine desde lo íntimo, desde la herida que aún no ha terminado de cerrarse. Clotet, visiblemente emocionada al recoger el galardón, habló de puertas que se abren, pero lo que realmente sugiere su obra es algo más profundo: una necesidad urgente de atravesarlas.
Viva nace de esa urgencia. La película sigue a Nora, una mujer que ha sobrevivido a un cáncer de mama y que, lejos de encontrar paz, se enfrenta a una pulsión vital casi desbordante. La vida, cuando ha estado tan cerca de desaparecer, deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una experiencia física, contradictoria, incluso incómoda. Nora no busca reconstruirse, sino reinventarse.
En ese camino aparecen dos figuras clave: Max, interpretado por Marc Soler, que encarna una atracción inesperada y casi temeraria; y Tom, a quien da vida Naby Dakhli, pareja estable que representa un pasado que ya no encaja del todo en el presente. Entre ambos polos, la protagonista se debate en un terreno emocional donde el deseo y el miedo se entrelazan constantemente.
El jurado, presidido por Payal Kapadia, subrayó precisamente esa complejidad del personaje: radical, difícil, pero inevitablemente magnético. También destacó la interpretación de Clotet, que se expone sin filtros en un registro que oscila entre lo visceral y lo inesperadamente luminoso.
No es casual que la propia directora defina su película como un “carpe diem feroz”. Hay en ella una voluntad de romper con las inercias, de cuestionar los vínculos afectivos y las dependencias que muchas veces se confunden con seguridad. En ese sentido, el filme no ofrece respuestas cómodas, sino preguntas que permanecen.
El proyecto, escrito junto a Valentina Viso, se sostiene también sobre un equipo que Clotet no dudó en reivindicar durante su discurso. Mencionó a sus productores, a su familia y, de forma especial, a su hermano, Marc Clotet, en un gesto que subraya el carácter profundamente personal de la obra.
Mientras tanto, el premio principal de la sección fue para La Gradiva, de Marine Atlan, pero la sensación que deja Viva va más allá del palmarés. Es la de un cine que no teme mirar de frente a la fragilidad, ni tampoco a la intensidad de seguir adelante.
En Cannes, donde tantas historias buscan perdurar, la de Aina Clotet ha conseguido algo más difícil: sentirse viva.

Me alegro por ella, pero no tengo ni idea ni de quien es.
ResponderEliminar