NAOMI WATTS CAMBIA DE DISCIPLINA ESCENICA EN SU NUEVA PELICULA.

 NAOMI WATTS CAMBIA DE DISCIPLINA ESCENICA EN SU NUEVA PELICULA.

Hay historias que parecen pedir el cine por pura naturaleza. No porque necesiten ser contadas, sino porque ya nacieron con algo de coreografía, de melodrama y de leyenda. La relación artística entre Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev pertenece a esa categoría. Era cuestión de tiempo que alguien la llevara de nuevo a la pantalla. Y ahora será Naomi Watts quien se ponga en la piel de una de las grandes figuras del ballet en Margot & Rudi, el nuevo largometraje de Anthony Fabian.

La película no parece interesada en el biopic de museo ni en la reconstrucción académica. Todo apunta a algo más seductor: un drama donde el ballet no sea decorado, sino lenguaje emocional. Y eso tiene sentido, porque hablar de Fonteyn y Nureyev es hablar de cuerpos contando aquello que las palabras apenas rozan.

Lo fascinante del proyecto está en el punto de partida. Cuando Rudolf Nureyev irrumpió en Occidente tras desertar de la Unión Soviética, era una fuerza sísmica. Indómito, brillante, casi peligroso. Fonteyn, en cambio, representaba una elegancia ya consagrada, una estrella en una etapa en la que muchos asumían que su apogeo había quedado atrás. Juntos generaron algo improbable: no una despedida y una irrupción, sino una combustión.

No fueron solo una pareja artística; fueron un fenómeno.

Su química en escena rozó lo mitológico. Giselle, El lago de los cisnes, Romeo y Julieta… cada representación parecía vivirse como si estuviera ocurriendo algo irrepetible. Y quizá ocurría. Porque lo que el público percibía no era solo perfección técnica, sino una tensión misteriosa, una intimidad casi escandalosa para algo que quizá nunca necesitó definirse.

Ahí es donde la película parece querer instalarse: en esa frontera borrosa entre devoción artística, deseo y leyenda.

Naomi Watts puede ser una elección particularmente inspirada para eso. Tiene esa cualidad de fragilidad y firmeza que necesita un personaje como Fonteyn, una mujer de disciplina férrea y vida privada enigmática. Frente a ella, la figura de Nureyev —todavía pendiente de quién la encarnará— promete ser el otro polo eléctrico del relato.

Anthony Fabian, que ya mostró sensibilidad para la elegancia visual en Mrs. Harris Goes to Paris, parece querer abrazar aquí una estética de sofisticación clásica, casi coreográfica. Y con nombres como Richard E. Grant y Harriet Walter orbitando el proyecto, todo respira una vocación clara de cine de prestigio.

Pero lo interesante es que Margot & Rudi no llega solo como otro retrato de grandes figuras. Se suma a esa corriente de películas que ya no buscan fijar un personaje histórico, sino explorar el mito que dejó detrás. No tanto explicar a una figura como capturar su hechizo.

Y en pocos mundos el hechizo importa tanto como en el ballet.

Además, hay algo muy cinematográfico en situar esta historia en los años sesenta, con ese Londres en transformación, esa sensualidad cultural nueva, esa tensión entre tradición y ruptura. El contexto parece dialogar con los propios protagonistas: ella, el clasicismo refinado; él, la revolución encarnada.

Dos fuerzas que, al encontrarse, cambiaron algo.

Si la película logra traducir aunque sea una parte de esa electricidad, puede haber aquí mucho más que un drama biográfico. Puede haber una historia de amor imposible sin necesidad de ser amor en el sentido convencional. Una película sobre el roce entre dos leyendas.

Y pocas cosas hay más cinematográficas que eso.




Comentarios

  1. Buena actriz Naomi Watts, aunque el papel a su edad no se si le va mucho, la verdad.

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