MERYL STREEP DESMIENTE QUE SU PERSONAJE EN "EL DIABLO VISTE DE PRADA" SEA EL AFTER-EGO DE LA EDITORA DE LA REVISTA "VOGUE", ANNA WINTOUR.
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MERYL STREEP DESMIENTE QUE SU PERSONAJE EN "EL DIABLO VISTE DE PRADA" SEA EL AFTER-EGO DE LA EDITORA DE LA REVISTA "VOGUE", ANNA WINTOUR.
Durante años, el imaginario colectivo simplificó el origen de Miranda Priestly hasta convertirlo en una ecuación casi automática: Meryl Streep + Anna Wintour. Una asociación lógica, cómoda… y, según ha revelado la propia actriz, incompleta.
Lejos de limitarse a una imitación directa, Streep construyó su personaje en El diablo viste de Prada a partir de una combinación mucho más insólita. En una reciente conversación en el programa de Stephen Colbert, la intérprete desveló que Miranda nació, en realidad, de una especie de “híbrido” entre dos figuras del cine: Mike Nichols y Clint Eastwood.
De Nichols extrajo esa autoridad elegante, casi sedosa, donde el poder se disfraza de cortesía y el sarcasmo se desliza con precisión quirúrgica. De Eastwood, en cambio, adoptó lo contrario a la estridencia: la economía del gesto, la voz baja, ese mando silencioso que no necesita imponerse porque ya ha conquistado el espacio. La suma de ambos dio lugar a una presencia que no grita, pero paraliza; que no amenaza, pero sentencia.
Así se explica esa cualidad casi hipnótica del personaje: una jefa capaz de desmantelar voluntades con un simple “eso es todo”, dejando tras de sí un rastro de tensión apenas visible, pero profundamente arraigado.
Y, sin embargo, la sombra de Anna Wintour sigue proyectándose sobre el conjunto. No podía ser de otra forma: la novela de Lauren Weisberger, origen de la película, nacía de su experiencia en Vogue. Lo curioso es que la propia Wintour, lejos de incomodarse, terminó abrazando el resultado con una mezcla de distancia e inteligencia. La encontró ingeniosa, divertida… y, en cierto modo, honesta.
Hay algo revelador en ese gesto: la supuesta inspiración observando su reflejo sin rechazo, casi con complicidad. Como si entendiera que, en el fondo, Miranda Priestly no es una caricatura, sino una síntesis.
Ahora, con la anunciada secuela en camino, Streep se prepara para volver a habitar ese territorio de hielo y precisión. Todo apunta a que Miranda seguirá siendo la misma fuerza imperturbable, afinada en los matices que la hicieron inolvidable. Porque algunos personajes no evolucionan: se perfeccionan.
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Hay peliculas que me cuesta ver el motivo del éxito, y esta pelicula es una de ellas.
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