MARK RYLANCE DEBUTARA COMO DIRECTOR EN LA COMEDIA "NICE FISH".
Hay trayectorias que parecen avanzar siempre en diagonal, evitando lo previsible. La de Mark Rylance encaja perfectamente en esa idea: un intérprete capaz de moverse entre el clasicismo y lo excéntrico que ahora decide colocarse también detrás de la cámara. “Nice Fish” no es solo un nuevo papel, sino una declaración de intenciones, casi un gesto íntimo en forma de película.
El proyecto, presentado en el mercado del Festival de Cannes, nace de un material previo que ya llevaba en sí una textura poco convencional: una obra teatral celebrada —incluso nominada al Olivier— surgida del encuentro entre Rylance y el poeta Louis Jenkins. Esa raíz literaria no se disimula, más bien se abraza, convirtiendo el relato en algo que parece flotar entre lo cotidiano y lo casi onírico.
En apariencia, todo es sencillo. Dos viejos amigos, Ron y Erik, se reencuentran para pescar sobre el hielo en el último día de la temporada. Pero bajo esa premisa mínima se desliza otra historia: la de dos hombres que ya no encajan del todo en la imagen que tenían el uno del otro. Uno permanece suspendido en una especie de adolescencia prolongada; el otro ha construido una coraza de orden y rigidez que apenas deja espacio a la espontaneidad. Entre ambos, el silencio pesa tanto como las palabras.
El entorno —ese paisaje helado que amenaza con desaparecer— funciona casi como un espejo de lo que ocurre dentro de ellos. Y en medio de esa quietud aparecen tres mujeres que rompen la lógica del relato, introduciendo un aire de fábula que descoloca y, al mismo tiempo, abre nuevas lecturas. La búsqueda de ese pez casi mítico deja de ser un objetivo literal para convertirse en una metáfora difusa: de lo que se escapa, de lo que ya no vuelve, de lo que quizá nunca estuvo.
Acompañando a Rylance en pantalla, Michelle Williams aporta una gravedad emocional que equilibra el tono más caprichoso del conjunto, mientras que Jim Lichtscheidl e Isabella LaBlanc completan un reparto que se mueve en esa frontera entre lo naturalista y lo deliberadamente extraño.
La película, impulsada internacionalmente por Palisades Park Pictures y con CAA Media Finance al frente de los derechos en Norteamérica, se apoya además en un equipo técnico con sensibilidad europea, como el director de fotografía Jörg Widmer o el montador Paul Watts. Todo apunta a una obra que no busca encajar, sino encontrar su propio ritmo.
Ganador del Oscar por El puente de los espías, Rylance parece mirar ahora hacia un territorio más personal, conectado con los paisajes del Medio Oeste que marcaron su imaginario. “Nice Fish” se presenta así como una pieza delicada, extraña y posiblemente difícil de clasificar. Pero también como un intento honesto de capturar algo que el cine más industrial suele dejar escapar: ese instante en el que la memoria, el humor y la melancolía conviven sin necesidad de explicarse del todo.
En un circuito tan competitivo como el internacional, la incógnita no es menor. Sin embargo, hay películas que no necesitan imponerse para dejar huella; les basta con sugerir, con permanecer. Y esta, por lo que promete, parece querer habitar precisamente en ese lugar.

Muy buen actor, veremos como se desenvuelve tras las cámaras.
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