LEYENDAS URBANAS DE CINE
Los Goonies (1985)
La supuesta decisión de ocultar el barco pirata a los actores infantiles para capturar una reacción auténtica forma parte del folclore hollywoodiense. En Los Goonies, la historia se ha repetido durante años como ejemplo de dirección astuta. Sin embargo, Sean Astin fue claro al desmentirlo: el reparto había visto el barco antes del rodaje. El mito resulta revelador porque subestima la capacidad interpretativa de los niños, como si la sorpresa solo pudiera obtenerse mediante el engaño. Richard Donner apostó por algo distinto: crear un ambiente de juego, camaradería y energía constante que se trasladara a la pantalla. La emoción de Los Goonies no nace del truco puntual, sino de la química entre sus actores y del espíritu de aventura que atraviesa toda la película. Quizá por eso ha envejecido tan bien: no depende de una anécdota concreta, sino de una sensación compartida de descubrimiento y amistad que sigue funcionando décadas después.

No veo motivo para esta leyenda urbana, Sean Astin (Sam Sagaz Gimli) lo dejo claro.
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