LEYENDAS URBANAS DE CINE. Blancanieves y los siete enanitos (1937)

 LEYENDAS URBANAS DE CINE

Blancanieves y los siete enanitos (1937)

Durante décadas, Blancanieves ha sido presentada como el punto de partida del largometraje animado, una afirmación que se ha instalado tanto en la cultura popular como en manuales divulgativos. La confusión no es casual. La película de Disney fue la primera en convertir la animación en un fenómeno industrial, en demostrar que el dibujo podía sostener una narración larga, emocional y económicamente viable. Antes de ella, sin embargo, ya existían largometrajes animados. El argentino Quirino Cristiani dirigió El Apóstol en 1917, una sátira política de más de una hora que hoy se considera el verdadero primer largo animado de la historia. El problema es que su obra se perdió en incendios y no dejó huella visual para la posteridad. El cine, como tantas veces, recuerda al que permanece. Blancanieves no inauguró el formato, pero sí lo legitimó ante el mundo, convirtiendo una apuesta arriesgada —el “Disney’s Folly” que muchos creían condenada al fracaso— en un éxito que redefinió la animación para siempre.




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