LA ULTIMA PELICULA QUE VIERON LOS TRIPULANTES DE LA MISION ARTEMIS II.
En la recta final antes de abandonar la Tierra, cuando el tiempo parece comprimirse entre protocolos, silencio y expectación, la tripulación de Artemis II encontró un pequeño refugio en la ficción. No fue un gesto menor ni casual: en medio de la rigurosa cuarentena previa al lanzamiento, los cuatro astronautas compartieron con sus familias el visionado de una película que, de algún modo, dialoga con aquello que estaban a punto de vivir.
La elección fue Proyecto Salvación, una reciente producción protagonizada por Ryan Gosling y dirigida por Phil Lord y Christopher Miller, adaptación de la novela de Andy Weir. La anécdota, compartida por el astronauta canadiense Jeremy Hansen durante un acto de la Agencia Espacial Canadiense, revela algo más que una simple elección de entretenimiento: apunta a ese territorio difuso donde la imaginación anticipa la realidad.
Hansen describió la experiencia como un placer, pero también como una conexión. La historia —centrada en la supervivencia y en la resolución de problemas en condiciones extremas— resonaba inevitablemente con la naturaleza misma de la misión. En sus palabras, el arte y la ciencia no se imitan tanto como se persiguen mutuamente, en una carrera silenciosa que empuja los límites de lo posible.
Hay, además, una dimensión simbólica que atraviesa este momento. Hansen está a punto de convertirse en el primer ciudadano no estadounidense en viajar hacia la órbita lunar, un hito que amplía el relato histórico de la exploración espacial. Si todo sigue su curso, la misión superará incluso la distancia alcanzada por Apollo 13, adentrándose más allá de las 250.000 millas de la Tierra y reescribiendo así una frontera que parecía fijada desde hace décadas.
La conexión entre cine y realidad no terminó en la sala de proyección. Al conocer la elección de la tripulación, Gosling envió un mensaje de apoyo a los astronautas, estableciendo un puente inesperado entre dos mundos que comparten raíces comunes. No es un detalle menor que tanto el actor como Hansen procedan de la misma ciudad canadiense, London, Ontario, como si la historia quisiera subrayar esa extraña cercanía entre quienes imaginan el espacio y quienes están a punto de habitarlo.
Mientras tanto, la película continúa su propio viaje en la Tierra, consolidando su éxito en taquilla y crítica. Pero más allá de cifras, lo que permanece es esa imagen: un grupo de astronautas, a punto de emprender uno de los viajes más ambiciosos de nuestro tiempo, deteniéndose un instante para mirar una historia que, en el fondo, habla de ellos mismos. Porque, al final, antes de cada gran paso hacia lo desconocido, siempre hay un momento —íntimo, casi invisible— en el que la realidad necesita de la ficción para tomar impulso.

Según se dice se habla, se comenta, que el hombre nunca llegó a la Luna, ya que según se dice, la famosa bandera que plantaron, estaba rígida (no se movía por el viento) y esta no proyectaba una sombra. En fin, a lo mejor vieron la peli, para ver como tenían que actuar ante las cámaras. jejeje!!!. Por cierto, hubo una pelicula mas que interesante sobre el fraude de la conquista del espacio, que era Capricornio Uno.
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