LA PROXIMA PELICULA DEL OSCARIZADO SEAN BAKER COMO DIRECTOR, SERA PARA UN GRAN ESTUDIO.
En medio del ruido industrial y las grandes franquicias que dominaron la CinemaCon, Warner Bros. Discovery ha decidido abrir una puerta distinta, más pequeña en escala, pero ambiciosa en intención. Su nombre es Clockwork, y nace como un espacio destinado a ese cine que respira en los márgenes de los grandes presupuestos, pero que aspira a resonar a nivel global.
Al frente de esta nueva división estará Christian Parkes, cuyo pasado en Neon ya deja entrever por dónde quiere caminar esta apuesta: películas de vocación autoral, campañas de marketing poco convencionales y una mirada estratégica que conecta más con el modelo de A24 que con el de los estudios tradicionales. Parkes no estará solo en este intento de redefinir el terreno independiente dentro de una major: le acompañan Jason Wald y Spener Collantes, también procedentes de Neon, formando un núcleo creativo y ejecutivo que parece diseñado para replicar —o reinterpretar— un modelo de éxito reciente.
Desde arriba, la supervisión recaerá en Michael De Luca y Pamela Abdy, dos figuras clave en la actual estructura del estudio, lo que indica que Clockwork no será un experimento periférico, sino una pieza integrada en la estrategia global de la compañía.
Y como toda declaración de intenciones necesita un primer gesto, ese gesto llevará la firma de Sean Baker. Su nueva película, Ti Amo!, será el proyecto inaugural del sello, marcando además un punto de inflexión en la trayectoria del cineasta: por primera vez trabajará bajo el paraguas de un gran estudio, aunque sin renunciar —al menos sobre el papel— a la libertad creativa que ha definido su filmografía.
El proyecto volverá a reunirle con Alex Coco y Samantha Quan, compañeros de viaje en Anora, en una producción impulsada por Cre Film y Rapt Film, con el respaldo financiero de FilmNation Entertainment. De la película, por ahora, apenas se sabe nada concreto, pero el propio Baker ha dejado caer una pista que funciona casi como brújula estética: la define como una carta de amor a las comedias sexuales italianas de los años sesenta y setenta.
Ahí, en esa referencia, se intuye ya el espíritu de Clockwork: mirar hacia atrás sin nostalgia paralizante, rescatar formas, tonos y libertades que el cine contemporáneo rara vez se permite dentro de los grandes estudios. Un intento de reconciliar lo industrial con lo íntimo, lo global con lo personal. Y quizá, en ese delicado equilibrio, encontrar una nueva forma de riesgo dentro de un sistema que, cada vez más, parece temerlo.

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