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LA IMAGEN QUE PODRÍA CAMBIAR EL CINE TAL Y COMO LO CONOCEMOS.
El cine contemporáneo vuelve a enfrentarse a uno de sus dilemas más incómodos, y lo hace mirando directamente a un rostro que el tiempo ya había despedido: Val Kilmer. Su presencia en el tráiler de As Deep as the Grave no es fruto de un hallazgo de archivo ni de una despedida póstuma al uso, sino de una reconstrucción digital que, más que cerrar una trayectoria, parece abrir un debate difícil de contener.
La película, dirigida por Coerte Voorhees, arrastra consigo una historia de producción marcada por retrasos, enfermedad y decisiones creativas que han ido mutando con el tiempo. En su núcleo, la narración sigue a dos arqueólogos —interpretados por Abigail Lawrie y Tom Felton— que se adentran en la historia navajo, mientras figuras como Wes Studi y Abigail Breslin orbitan alrededor de ese viaje entre lo espiritual y lo histórico. Pero es el personaje del padre Fintan el que termina absorbiendo la conversación.
Ese papel, concebido desde el inicio para Kilmer, nunca llegó a materializarse en vida. La opción de eliminarlo estuvo sobre la mesa, aunque finalmente el proyecto optó por una solución más arriesgada: devolverle al relato mediante inteligencia artificial. El resultado, al menos en su primer adelanto, deja una sensación difícil de ignorar. La imagen está ahí, reconocible, incluso fiel en lo superficial, pero algo esencial parece haberse quedado fuera del proceso.
No es un problema nuevo. Ya en El irlandés, el rejuvenecimiento digital de Robert De Niro evidenciaba esa grieta invisible entre la técnica y la emoción. Aquí, sin embargo, la cuestión adquiere otra dimensión: no se trata de alterar el tiempo sobre un actor vivo, sino de reconstruir una presencia que ya no puede dialogar con su propia interpretación.
El tráiler juega, además, con esa ambigüedad. La figura de Kilmer aparece en distintas edades del personaje, envuelta en una atmósfera que por momentos roza lo espectral. “No temas a los muertos ni me temas a mí”, susurra en una escena. La frase, inevitablemente, resuena más allá de la ficción, como si el propio film tratara de justificar su existencia ante un espectador que oscila entre la curiosidad y la incomodidad.
El consentimiento de la familia aporta un cierto respaldo ético, pero no resuelve la pregunta de fondo. ¿Dónde termina el homenaje y dónde empieza la apropiación? La industria, una vez más, parece avanzar sin detenerse demasiado en esa línea difusa.
Quizá el verdadero interrogante no esté en la eficacia de la tecnología —todavía imperfecta, todavía fría—, sino en el lugar que ocuparán estas apariciones dentro de la memoria del cine. Si As Deep as the Grave formará parte, o no, de la filmografía de Kilmer es algo que el tiempo decidirá. Pero lo que ya resulta evidente es que Hollywood ha encontrado una nueva forma de desafiar a la ausencia… aunque no siempre sepa cómo convivir con ella.
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Que sigan colocando actores con IA en una pelicula depende de nosotros, si vamos a ver la peli y tiene una buena recepción, esto será el pistoletazo de salida.
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