FINALMENTE RYAN GOSLING NO SERÁ EL PROTAGONISTA DE LA NUEVA PELICULA DE LOS DANIELS.
Lo que parecía un movimiento firme dentro del tablero de la industria ha terminado por deshacerse en silencio, casi en el último instante. La esperada tercera película de los Daniels —ese tándem creativo formado por Dan Kwan y Daniel Scheinert— se queda, de momento, sin el rostro que iba a encabezar su ambición más grande hasta la fecha: Ryan Gosling.
El proyecto, todavía envuelto en un misterio casi calculado, no ha revelado apenas detalles más allá de su naturaleza: una mezcla de comedia, acción y ciencia ficción que busca expandir el imaginario desbordante que los directores ya exploraron en Swiss Army Man y, sobre todo, en Todo a la vez en todas partes. Sin embargo, cuando todo parecía alineado —un presupuesto generoso de 150 millones de dólares, un rodaje previsto en Los Ángeles y el respaldo de Universal Pictures—, la maquinaria ha chirriado donde menos se esperaba: en la agenda.
La ruptura del acuerdo con Gosling, según se ha filtrado, responde a un problema de fechas que nunca termina de explicarse del todo. Pero en Hollywood, esas fisuras suelen esconder decisiones más complejas. El actor, que viene de encadenar proyectos exigentes y que aún tiene en el horizonte títulos como Star Wars: Starfighter, podría haber optado por algo tan poco espectacular como necesario: parar.
Resulta curioso que esta salida coincida con un momento dulce en su carrera, impulsado por la recepción de Proyecto Salvación, consolidando una etapa en la que su presencia parecía sinónimo de evento. Y, sin embargo, la decisión de apartarse de una producción de este calibre introduce una pausa que, lejos de interpretarse como retroceso, sugiere una voluntad de medir los tiempos.
Mientras tanto, los Daniels continúan avanzando. Su alianza con Universal, sellada en 2022 con un acuerdo exclusivo de cinco años, encuentra en esta película su primera gran materialización, justo cuando ese contrato se acerca a su fecha de expiración. Una paradoja más en un proyecto que parece moverse entre certezas industriales y decisiones inesperadas.
En ese recorrido, no está de más recordar que entre sus dos obras más celebradas se coló un desvío en solitario: La muerte de Dick Long, dirigida por Scheinert sin Kwan, una anomalía creativa que no logró replicar el eco de sus trabajos conjuntos.
Ahora, con el verano como horizonte de rodaje y sin protagonista confirmado, la película se redefine sobre la marcha. A veces, en el cine, las historias más interesantes no son las que se cuentan en pantalla, sino las que suceden justo antes de que la cámara empiece a rodar.

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