FELICITY JONES PROTAGONISTA DE UNA COMEDIA AGRIDULCE PRODUCIDA POR WES ANDERSON, Y QUE SE RUEDA ESTOS DIAS EN PARIS.

 FELICITY JONES PROTAGONISTA DE UNA COMEDIA AGRIDULCE PRODUCIDA POR WES ANDERSON, Y QUE SE RUEDA ESTOS DIAS EN PARIS. 

París vuelve a convertirse en escenario emocional, pero esta vez no como postal romántica, sino como un espacio donde el duelo, la memoria y las heridas íntimas se entrecruzan. En The Thing That Hurts, Arnaud Desplechin regresa a ese territorio que mejor conoce: el de los vínculos invisibles y las identidades en constante reconstrucción.

El rodaje ya está en marcha entre la capital francesa y Bruselas, con un reparto que evidencia la ambición internacional del proyecto. Al frente se sitúa Felicity Jones, acompañada por nombres como J.K. Simmons, Alfre Woodard, Jason Schwartzman o Noémie Merlant, en un mosaico interpretativo que se completa con Golshifteh Farahani y André Holland. Como si fuera poco, la producción ejecutiva cuenta con la implicación de Wes Anderson, cuya sensibilidad estética y narrativa planea, al menos en espíritu, sobre la propuesta.

La premisa es sencilla, casi mínima: un grupo de pacientes viaja a París tras la muerte de su psicoanalista, una figura estadounidense que, aun ausente, se convierte en el epicentro de la historia. Lo que comienza como un encuentro con tintes de homenaje pronto deriva en algo más complejo: una confrontación emocional donde afloran secretos, dependencias y heridas que el tiempo no ha terminado de cerrar.

Desplechin, que firma el guion junto a Kamen Velkovsky, articula el relato como una estructura coral de siete historias interconectadas. Cada personaje arrastra su propia versión del pasado, pero todos comparten una misma ausencia, una misma pregunta sin respuesta. En ese cruce de trayectorias, la figura del terapeuta funciona menos como recuerdo que como catalizador: alguien que unió vidas sin que ellas mismas fueran plenamente conscientes.

El propio cineasta ha definido la película como una comedia sobre expatriados en París, evocando el tono de Medianoche en París. Sin embargo, bajo esa ligereza aparente late una melancolía muy característica de su filmografía, la misma que ya atravesaba títulos como Un conte de Noël o Ismael’s Ghosts.

En The Thing That Hurts, el dolor no se presenta como un obstáculo, sino como un lenguaje compartido. Y quizá ahí reside la clave de la película: en entender que, a veces, son precisamente esas grietas —las que cada personaje intenta ocultar— las que terminan revelando quiénes son realmente cuando todo lo demás desaparece.




Comentarios