EN CANNES 2026 SE PODRÁ VER EL DEBUT COMO DIRECTOR DE JOHN TRAVOLTA.

 EN CANNES 2026 SE PODRÁ VER EL DEBUT COMO DIRECTOR DE JOHN TRAVOLTA.

El eco del pasado y la promesa de lo nuevo vuelven a encontrarse en la Croisette. El Festival de Cannes comienza a desplegar sus primeras cartas, todavía sin revelar del todo su jugada, pero dejando entrever ya el tono de una edición —la número 79— que se celebrará entre el 12 y el 23 de mayo. Al frente del jurado de la sección oficial estará Park Chan-wook, una figura cuya mirada sugiere, de entrada, un certamen abierto a lo sofisticado, lo inquietante y lo profundamente cinematográfico.

Antes incluso de conocer la programación completa, hay títulos que empiezan a marcar territorio. Uno de ellos es La Vénus électrique, la encargada de inaugurar el festival. Dirigida por Pierre Salvadori, la película propone un viaje al París de 1928, donde el duelo, la impostura y el amor se entrelazan en una historia que bebe directamente del espíritu de Billy Wilder, Ernst Lubitsch y Blake Edwards. No es solo un gesto de estilo: es una declaración de intenciones, una manera de conectar el cine contemporáneo con una tradición que sigue latiendo bajo nuevas formas.

En el centro del relato, un pintor incapaz de recomponer su vida tras la muerte de su esposa encuentra consuelo en lo que cree ser una conexión con el más allá. Pero lo que se despliega es otra cosa: una mentira sostenida, casi teatral, que poco a poco abre paso a una nueva sensibilidad. Interpretada por Pio Marmaï, Anaïs Demoustier y Gilles Lellouche, la película también llegará simultáneamente a los cines franceses, en un intento del festival por estrechar la distancia entre el evento y su público natural.

Pero Cannes no solo mira hacia la tradición o la evocación. También hay espacio para lo inesperado, incluso para los giros tardíos de carrera. Es el caso de John Travolta, que debuta como director con Propeller One-Way Night Coach. A sus 72 años, el actor se coloca tras la cámara para dar forma a un proyecto profundamente personal, nacido de un relato que él mismo escribió décadas atrás.

La película, impregnada de nostalgia aeronáutica, sigue el viaje de un niño fascinado por los aviones en una travesía que es tanto física como emocional. No es difícil ver en ella un reflejo del propio Travolta, cuya pasión por volar ha sido constante desde la adolescencia, hasta el punto de convertirse en piloto certificado de aeronaves como el Boeing 707, 737 o 747. Ese vínculo íntimo con el aire se filtra ahora en una historia que mezcla aventura, memoria y aprendizaje.

Su regreso al festival no es menor. Han pasado casi tres décadas desde su última presencia en Cannes con Pulp Fiction, la icónica obra de Quentin Tarantino que marcó una época. Ahora, lo hace fuera de competición, en una sección que acoge miradas singulares y apuestas personales, antes de que la película vea la luz en plataformas a finales de mayo.

Así, entre homenajes velados al clasicismo, estrategias de conexión con el público y regresos inesperados, Cannes empieza a tomar forma. No como una simple acumulación de títulos, sino como ese espacio donde el cine, una vez más, ensaya nuevas formas de contarse a sí mismo.



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