EL OJO CRITICO. THE SMASHING MACHINE (2025)

 EL OJO CRITICO.



THE SMASHING MACHINE (2025)

REPARTO: DWAYNE JOHNSON, EMILY BLUNT, BAS RUTTEN, PAUL LAZENBY, WHITNEY MOORE, ANDRE TRICOTEUX, OLEKSANDR USYK, JASON TREMBLAY, LYNDSEY GAVIN, PAUL CHENG, YOKO HAMAMURA, NINA SUGII

DIRECTOR: BEN SAFDIE

MÚSICA: NALA SINEPHRO

PRODUCTORA:  A24

DURACION: 123 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

La propuesta de The Smashing Machine se sitúa en un terreno incómodo, casi contradictorio: el de un biopic deportivo que rehúye deliberadamente la épica para adentrarse en la fragilidad. Benny Safdie, en su primer trabajo en solitario tras su etapa junto a su hermano, abandona el nervio eléctrico que definía su cine para construir aquí un retrato mucho más contenido, casi opaco, de la figura de Mark Kerr.

La película sigue el ascenso y caída del luchador en los años en que las artes marciales mixtas aún eran territorio incierto, pero lo hace desde una mirada que prioriza el desgaste interior sobre la espectacularidad del combate. En ese sentido, el film resulta coherente: las peleas importan menos que el silencio posterior, que la respiración entrecortada, que el vacío que deja cada victoria o cada derrota. Es ahí donde Safdie encuentra su verdadera materia dramática.

Sorprende, ante todo, la transformación de Dwayne Johnson, quien se aleja de su carisma habitual para abrazar una interpretación mucho más contenida, incluso apagada. Su Mark Kerr no es un héroe ni un titán, sino un cuerpo en constante deterioro, un hombre atrapado entre la dependencia física y la emocional. Sin embargo, esa misma contención juega a veces en su contra: hay momentos en los que la película pide un desgarro que nunca termina de llegar.

A su lado, Emily Blunt aporta una intensidad más tangible, dotando de humanidad a una relación marcada por la autodestrucción. No obstante, el guion apenas profundiza en los secundarios, dejándolos en una suerte de esbozo que limita el alcance emocional del conjunto.

Formalmente, la película apuesta por un realismo casi áspero: cámara cercana, sonido envolvente, montaje que evita el subrayado. Todo parece diseñado para transmitir una sensación de desgaste continuo, de lucha que no termina nunca. Y, sin embargo, esa misma coherencia estética acaba derivando en cierta monotonía narrativa, como si el film se negara a evolucionar al mismo ritmo que su protagonista.

En última instancia, The Smashing Machine es una obra valiente pero irregular, más interesada en observar que en explicar. Un retrato honesto de la vulnerabilidad masculina y del precio del éxito, que impacta por momentos, pero que deja la sensación de que, bajo su superficie austera, había una historia mucho más profunda esperando ser contada.




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