EL OJO CRITICO. NAZI SUPERSOLDIER (2025)

 EL OJO CRITICO.


NAZI SUPERSOLDIER (2025)

REPARTO: ERKAN SULCANI, LINUS GOMOLKA, ANTONIA CATHARINA DUWEL, ROMAN BOEER DE GARCEZ, LEAH HEROLD, LEONTIN SLAVKOV, MATTEO PASQUINI, JAKOB PINTER, GEORGES KHOUKAZ

DIRECTOR: AHMED CHAER 

MÚSICA: PATRICK HUVEN 

PRODUCTORA: SHAREFILM PRODUCTION 

DURACIÓN: 78 min.

PAÍS: ALEMANIA

Hay películas que abrazan el disparate como una forma de arte, y luego está Nazi Supersoldier, que lo convierte en un pantano febril donde serie B, horror de explotación y delirio de madrugada conviven como criaturas mutantes. Ahmed Chaer no dirige aquí una película que aspire a la pulcritud o a la elegancia del terror contemporáneo; dirige, más bien, una pesadilla rugosa, casi primitiva, que parece salida de una cinta maldita encontrada en un búnker olvidado.

La premisa ya es una declaración de intenciones: estudiantes curiosos, un bosque que esconde pecados enterrados, una cámara criogénica y una abominación nazi desatada sobre la noche. Todo remite a un imaginario muy explotado, sí, pero la película no pretende reinventarlo. Su apuesta es otra: hundirse en él con una convicción casi salvaje.

Desde sus primeros minutos se percibe una atmósfera de amenaza viscosa. Hay algo enfermizo en sus bosques, en sus sombras demasiado densas, en esa fotografía áspera que a veces parece convertir el encuadre en un territorio hostil. No es un terror de sofisticación; es un terror sucio, casi táctil. Se huele la humedad, la sangre y el óxido.

El monstruo, esa criatura surgida del eco podrido del Tercer Reich, funciona menos como personaje que como presencia. Una mole brutal, absurda y ominosa, filmada con un gusto casi artesanal por lo grotesco. No da miedo por compleja, sino por primaria. Es un depredador. Una idea convertida en martillo.

Chaer rueda muchas escenas como si estuviera más interesado en el nervio que en la lógica. Y eso, sorprendentemente, juega a favor del film. Hay persecuciones que parecen soñadas, muertes que rozan el cómic macabro, estallidos de violencia que irrumpen sin pedir permiso. Cuando la película se deja llevar por ese impulso casi punk, encuentra una identidad.

Claro que también arrastra sus heridas. Los diálogos a veces crujen, algunos intérpretes parecen más perdidos que aterrados y el ritmo, por momentos, se extravía entre caminatas, gritos y vueltas sobre la misma amenaza. No todo funciona. Hay secuencias donde la precariedad se vuelve demasiado visible. Pero incluso ahí hay algo extrañamente fascinante: la película nunca parece domesticada.

Porque Nazi Supersoldier vive en ese territorio donde el cine de terror más bastardo puede convertirse en experiencia. No siempre buena, pero sí hipnótica. Como esos viejos videoclubs donde una carátula delirante prometía monstruos imposibles y atrocidades maravillosas.

Lo mejor es que Chaer no parece avergonzarse nunca del exceso. Hay una honestidad pulp en todo esto. No busca elevar el material; lo abraza. Y eso le da una energía que muchas producciones de horror mucho más caras han perdido.

¿Es una gran película? No en el sentido clásico. ¿Es memorable? Extrañamente, sí.

Porque bajo su apariencia de slasher desbocado late algo más simpático que el cinismo: amor por el monstruo, por la serie B, por el horror que no necesita pedir permiso para ser grotesco.

Nazi Supersoldier no marcha con precisión militar; avanza como una bestia torpe atravesando el barro. Y quizá por eso deja huella. Es cine de medianoche, de risas nerviosas, de sangre espesa y pesadillas con uniforme. Un delirio imperfecto, feroz y bastante más vivo de lo que su premisa podía hacer pensar.


Comentarios

  1. La pelicula es tan torpe como el supersoldado en cuestión y encima amenazan con una secuela. Lo mejor al principio es ese homenaje a Depredador. Resumiendo, muy mala.

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