EL OJO CRITICO. EN UN INSTANTE (2025)

 EL OJO CRITICO.



EN UN INSTANTE (2025)

REPARTO: RASHIDA JONES, KATE McKINNON, DAVEED DIGGS, JORGE VARGAS, TANAYA BEATTY, KARIN KONOVAL, SKYWALKER HUGHES, DIANA TSOY, MAYSON MARSHALL, VALERIE OLIVER, TOM MacNEILL, TAYLOR KINEQUON

DIRECTOR: ANDREW STANTON 

MÚSICA: THOMAS NEWMAN 

PRODUCTORA: FOX SEARCHLIGHT 

DURACIÓN: 94 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

El regreso de Andrew Stanton tras Wall-E no es solo un cambio de formato, sino también una declaración de intenciones. Abandonar la animación para adentrarse en el live action implica asumir otros riesgos, otros códigos narrativos. Y, sin embargo, hay algo en esta nueva propuesta que remite inevitablemente a su obra más celebrada: esa mirada humanista, casi melancólica, que atraviesa el tiempo para hablar, en el fondo, de lo mismo de siempre.

La película se articula en tres líneas temporales —pasado, presente y futuro— que dialogan entre sí con la ambición de trazar un retrato universal del ser humano. Amor, pérdida, anhelo, soledad… temas que, independientemente de la época, siguen orbitando nuestras vidas con distintas formas pero idéntico peso emocional. La idea, sobre el papel, resulta sugerente: una estructura fragmentada que busca resonancias entre épocas para reforzar su discurso.

El problema aparece en la ejecución. Los constantes saltos entre las tres historias terminan por romper la continuidad emocional, impidiendo que el espectador se aferre a los personajes. No hay tiempo suficiente para que respiren, para que crezcan, para que duelan. La narrativa, en lugar de entrelazar, fragmenta; y la edición, lejos de aportar fluidez, acentúa esa sensación de desconexión.

Es inevitable pensar en otras películas que han transitado terrenos similares con mayor fortuna. Desde la intimidad espacial de Passengers hasta la tensión existencial de la saga Alien, pasando por la épica emocional de Interstellar, todas ellas han sabido manejar el tiempo —y el aislamiento— como herramientas narrativas capaces de generar vínculos profundos con el espectador. Aquí, en cambio, ese potencial queda diluido.

Uno de los aspectos más desconcertantes es el tratamiento de la inteligencia artificial. Lejos de funcionar como una entidad coherente con su naturaleza, su comportamiento resulta excesivamente humanizado, casi como si fuese un personaje más sin las limitaciones propias de su condición. Esto no solo rompe la verosimilitud interna del relato, sino que genera momentos de desconexión que sacan al espectador de la historia.

Quizá el mayor obstáculo sea la duración. Condensar tres líneas narrativas en apenas noventa minutos termina por jugar en contra de la propia ambición del proyecto. Lo que podría haber sido un fresco emocional complejo se queda en esbozo, en intento.

Al final, la sensación es la de una obra que quería explorar demasiado en demasiado poco tiempo. Una idea con alma, pero sin el espacio necesario para desarrollarse. Y en ese contraste entre intención y resultado, lo que permanece no es tanto la película en sí como el recuerdo de lo que su autor fue capaz de hacer en el pasado. Porque sí, siempre nos quedará Wall-E.





Comentarios

  1. La película a través del pasado, del presente y del futuro de la humanidad se intenta hacer una reflexión sobre el ciclo de la vida, dando un especial énfasis en como se ha tratado temas como la enfermedad, la muerte y el dolo a través de las diferentes etapas de la humanidad y dando su visión de todo ello en el futuro. La película es tristona aunque tiene algún que otro momento simpático.

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