EL OJO CRITICO.
EMBESTIDA (2026)
REPARTO: PHOEBE DYNEBOR, WHITNEY PEAK, DJIMON HOUNSOU, GEMMA DART, STACY CLAUSEN, AMY MATHEWS, COSTA D’ANGELO, ELIJAH UNGVARY, JON PRASIDA, SAMI AFUNI, DANTE UBALDI, ALYLA BROWNE, AKOSIA SABET
DIRECTOR: TOMMY WIRKOLA
MÚSICA: DANIEL FUTCHER
PRODUCTORA: SONY PICTURES RELEASING
DURACIÓN: 86 min.
PAIS: ESTADOS UNIDOS
Hay cine que se toma en serio incluso cuando se mueve en los márgenes del exceso, y luego está Embestida, un artefacto que abraza sin complejos su propia condición de espectáculo desmedido. Dirigida por Tommy Wirkola, la película se instala en ese territorio híbrido donde el cine de catástrofes, el survival y el terror pulp se mezclan sin pedir permiso, construyendo una experiencia que es, al mismo tiempo, estimulante y profundamente irregular.
La premisa no engaña a nadie: un huracán arrasa una ciudad costera y convierte las calles en un laberinto acuático donde nadan tiburones. A partir de ahí, la película despliega varias historias de supervivencia —desde una mujer embarazada atrapada hasta grupos familiares aislados— que funcionan como piezas de un mosaico caótico.
Wirkola, fiel a su trayectoria, no busca la verosimilitud sino el impacto inmediato. Su cine siempre ha tenido algo de gamberro, de provocación lúdica, y aquí vuelve a demostrar que entiende perfectamente el ritmo del entretenimiento puro: la película avanza sin apenas respiro, encadenando situaciones límite con una eficacia casi mecánica. Cuando Embestida funciona, lo hace precisamente ahí, en esa capacidad para mantener la tensión a través del movimiento constante y la amenaza omnipresente del agua —y de lo que se esconde bajo ella—.
Sin embargo, ese mismo impulso es también su mayor debilidad. La película parece construida a base de picos de intensidad, pero carece de un verdadero desarrollo emocional que sostenga el conjunto. Los personajes existen más como vehículos para la acción que como entidades dramáticas, y sus decisiones —a menudo absurdas— terminan erosionando cualquier intento de implicación por parte del espectador.
Hay, no obstante, una cierta eficacia en su propuesta visual. La ciudad inundada, convertida en un espacio hostil y desorientador, funciona como escenario de pesadilla, un lugar donde lo cotidiano se vuelve irreconocible. La idea de trasladar a los tiburones fuera de su hábitat natural añade un componente inquietante que, aunque explotado de forma desigual, consigue momentos de tensión genuina.
Pero Embestida nunca termina de decidir si quiere ser una película consciente de su absurdo o un thriller de supervivencia con aspiraciones más serias. Ese desequilibrio tonal la acompaña de principio a fin. Hay escenas que rozan lo ridículo —casi autoparódicas— y otras que intentan construir angustia real, pero la transición entre ambas no siempre es fluida.
En última instancia, estamos ante una película que se disfruta mejor si se acepta su naturaleza: cine de consumo rápido, directo, diseñado para provocar sobresaltos más que reflexión. Tiene energía, tiene momentos efectivos y, sobre todo, tiene una clara vocación de espectáculo. Pero también evidencia los límites de un enfoque que prioriza el impacto inmediato sobre la construcción narrativa.
Embestida no deja huella profunda, pero sí un recuerdo fugaz, como una ola que golpea con fuerza y se retira casi al instante.


Mirandola, no podía evitar tomar como referencia a la saga Sharknado, pero sin tiburones voladores que surgen del tornado, es mucho mejor, todo hay que decirlo. El film resulta distraído, no aburre, eso no quiere decir que sea una gran pelicula que no lo es, pero podría haberlo sido, ya que hay escenas como la del nacimiento, que no puedes dejar de evitar una sonora carcajada, aunque no quieras.
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