EL OJO CRITICO.
EL HOMBRE MENGUANTE (2025)
REPARTO: JEAN DUJARDIN, MARIE-JOSÉE CROZE, MIRANDA RAISON, DAPHNE RICHARD, SALIM TALBI, SERGE SWYSEN, STEPHANIE VAN VYVE
DIRECTOR: JAN KOUNEN MÚSICA: ALEXANDRE DESPLAT PRODUCTORA: TF1 FILMS PRODUCTION DURACIÓN: 99 min.
En El hombre menguante (2025), el director Jan Kounen se enfrenta a un material tan icónico como delicado: la novela de Richard Matheson, ya adaptada con enorme fuerza en el cine clásico. Lejos de intentar una reinvención radical, su propuesta se mueve en un terreno más introspectivo, casi existencial, donde la aventura física convive con una progresiva disolución de la identidad.
La película sigue a Paul, interpretado por Jean Dujardin, un hombre corriente cuya vida se fractura tras un fenómeno inexplicable en el mar que provoca que su cuerpo comience a encogerse sin control . Lo que arranca como un misterio científico pronto se convierte en una experiencia de supervivencia: atrapado en su propia casa, convertido en un espacio hostil y desproporcionado, el protagonista debe enfrentarse a un mundo cotidiano transformado en amenaza constante .
Kounen plantea la historia desde una doble vertiente. Por un lado, está el espectáculo visual: el juego de escalas, los objetos convertidos en obstáculos gigantescos, la fisicidad del entorno reinterpretada desde lo diminuto. En este aspecto, la película demuestra un cuidado técnico notable, con una puesta en escena que busca constantemente sumergir al espectador en esa sensación de vulnerabilidad extrema. Pero donde realmente intenta diferenciarse es en su dimensión emocional.
A diferencia de versiones anteriores, aquí el énfasis recae en la crisis interna del personaje. La reducción física no es solo un fenómeno fantástico, sino una metáfora evidente sobre la pérdida de control, la fragilidad del individuo y la erosión del rol masculino dentro del núcleo familiar. La película observa cómo Paul no solo se hace más pequeño en tamaño, sino también en su capacidad de influir en su propia vida, en su familia, en el mundo que le rodea.
Sin embargo, esa ambición conceptual no siempre se traduce en una experiencia plenamente satisfactoria. El ritmo, en ocasiones, se resiente de un exceso de contemplación que diluye la tensión. Hay secuencias donde la repetición de situaciones —la lucha contra el entorno, la amenaza constante— pierde fuerza por falta de progresión dramática. La película parece debatirse entre ser un relato de supervivencia y una reflexión filosófica, sin terminar de equilibrar ambas dimensiones.
La interpretación de Dujardin sostiene buena parte del conjunto. Su trabajo, contenido y progresivamente desesperado, logra transmitir esa sensación de aislamiento creciente, casi de desaparición. A su alrededor, el mundo —y los personajes— se difuminan, reforzando esa idea de soledad radical que atraviesa el film.
El hombre menguante no pretende competir con el legado del clásico, sino dialogar con él desde otro lugar. Es una película más íntima que espectacular, más reflexiva que trepidante. Y en esa elección encuentra tanto su identidad como sus límites: una obra que, por momentos, logra inquietar y sugerir, pero que nunca termina de alcanzar la contundencia emocional ni narrativa que su potente premisa parecía prometer.


Una pelicula que tiene un total respeto hacía el clásico de los años 50 del Siglo XX dirigido por Jack Arnold. Efectos visuales buenos, y un Jean Dujardin que con su interpretación hace que en ningún momento bajemos la guardia.
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