EL OJO CRITICO. BALLS UP (CON UN PAR) (2026)

 EL OJO CRITICO.


BALLS UP (CON UN PAR) (2026)

REPARTO: MARK WAHLBERG, PAUL WALTER HAUSER, BENJAMIN BRATT, EVA DE DOMINICI, DANIELA MELCHIOR, MOLLY SHANNON, SACHA BARON COHEN, ERIC ANDRE, CHELSEY CRISP, HAL CUMPSTON, MATUSE PAZ, ZEN GRESNER

DIRECTOR: PETER FARRELLY 

MÚSICA: DAVE PALMER 

PRODUCTORA: AMAZON MGM STUDIOS 

DURACIÓN: 107 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

La filmografía de Peter Farrelly siempre ha transitado entre dos polos: la comedia gamberra que lo definió en sus inicios y la respetabilidad más clásica que alcanzó con Green Book. Con Balls Up (titulada en España Con un par), el director parece mirar atrás… pero no necesariamente en el mejor sentido.

La premisa, en sí misma, es una invitación al exceso: dos ejecutivos de marketing, interpretados por Mark Wahlberg y Paul Walter Hauser, provocan un escándalo internacional durante un Mundial de fútbol en Brasil y acaban huyendo entre persecuciones, mafias y situaciones cada vez más absurdas. Sobre el papel, el punto de partida tiene el potencial de una comedia de caos, de esas que encadenan set pieces disparatadas hasta alcanzar un clímax delirante. Sin embargo, lo que la película ofrece dista bastante de esa promesa.

Farrelly recupera aquí su gusto por el humor escatológico y sexual, pero lo hace desde una perspectiva que se siente anclada en otra época. El problema no es tanto la incorrección como la falta de ingenio: muchos de los gags giran en torno a la reiteración, como si la insistencia pudiera sustituir a la sorpresa. La película avanza a base de sketches apenas conectados, donde cada escena parece buscar la risa inmediata sin preocuparse por construir una progresión cómica sólida. El resultado es irregular, con momentos que apuntan a una energía desvergonzada, pero que rara vez terminan de cuajar.

En cuanto a las interpretaciones, Wahlberg recurre a su habitual registro de tipo duro venido a menos, mientras Hauser aporta un contrapunto más neurótico y torpe. La química entre ambos funciona de manera intermitente: hay destellos de complicidad, pero el guion no les da suficiente material para desarrollar una dinámica memorable. El reparto secundario, donde aparecen nombres como Sacha Baron Cohen o Benjamin Bratt, introduce chispazos de energía que, sin embargo, quedan diluidos en un conjunto desordenado.

Quizá uno de los aspectos más llamativos de la película sea su tono: una especie de sátira desdibujada que intenta burlarse del espectáculo global del deporte, del marketing y de la cultura mediática, pero que nunca termina de encontrar una voz clara. Brasil, como escenario, se convierte más en un decorado caricaturesco que en un espacio real, lo que acentúa la sensación de superficialidad.

Balls Up es, en última instancia, una comedia que persigue el impacto inmediato sin lograr sostenerlo. Tiene la duración y el ritmo de una gran escapada absurda, pero carece de la precisión cómica necesaria para que esa huida resulte realmente divertida. Lo que queda es un eco lejano del Farrelly más irreverente, pero sin la frescura ni la puntería que lo hicieron destacar en su mejor momento.



Comentarios