EL OJO CRITICO.
ANEMONA (2025)
REPARTO: DANIEL DAY-LEWIS, SEAN BEAN, SAMANTHA MORTON, LEWIS BRAY, SAMUEL BOTTOMLEY, SAFIA OAKLEY-GREEN, PAUL BUTTERWORTH, CARL CAMILLERI, JP CONWAY, ANGUS COOPER, ADAM FOGERTY, RICHARD GRAHAM
DIRECTOR: RONAN DAY-LEWIS
MÚSICA: THE HAXAN CLOAK
PRODUCTORA: FOCUS FEATURES
DURACIÓN: 125 min.
PAIS: REINO UNIDO, ESTADOS UNIDOS
Hay regresos que no responden a la lógica de la industria, sino a algo más íntimo, casi doméstico. El de Daniel Day-Lewis pertenece a esa categoría. Tras años de silencio después de El hilo invisible, su vuelta no se articula como un gran acontecimiento cinematográfico, sino como un gesto familiar: ponerse al servicio de la primera película de su hijo, Ronan Day-Lewis, en un movimiento que habla más de legado que de carrera.
En Anémona, el actor encarna a Ray Stoker, un hombre roto que ha elegido el aislamiento como forma de supervivencia. Antiguo soldado, vive apartado del mundo desde hace dos décadas, como si el tiempo no hubiese avanzado para él. La historia, sin embargo, no tarda en forzar esa burbuja: un conflicto protagonizado por su hijo —también vinculado al ejército— actúa como detonante para reabrir viejas heridas. Ahí entran en juego dos figuras clave, interpretadas por Sean Bean y Samantha Morton, que orbitan en torno al protagonista como ecos de una vida que dejó atrás.
Lo más interesante del film no es tanto lo que cuenta como la manera en que intenta hacerlo. Ronan Day-Lewis apuesta por un tono contenido, casi hipnótico, que se apoya en silencios, miradas y cierta deriva onírica que aparece y desaparece sin una función del todo clara. Esa búsqueda de identidad formal, sin embargo, no siempre encuentra un sostén narrativo sólido. La película parece prometer estallidos emocionales que nunca terminan de materializarse, como si se conformara con insinuar en lugar de profundizar.
En ese terreno inestable, el reparto sostiene con oficio lo que el guion no termina de elevar. Day-Lewis, incluso en un registro contenido, deja destellos de su grandeza en monólogos puntuales donde la emoción asoma con precisión quirúrgica. Bean y Morton, por su parte, aportan densidad a unos personajes que pedían más desarrollo del que finalmente reciben.
Hay algo profundamente honesto en este proyecto, especialmente en la decisión de un actor de la talla de Day-Lewis de acompañar el debut de su hijo sin imponer su peso. Pero esa honestidad no basta para construir una película plenamente satisfactoria. Anémona se queda a medio camino: esboza un drama familiar de gran potencial, pero carece de la intensidad necesaria para hacerlo florecer.


Comentarios
Publicar un comentario