EL INCOMODO MOMENTO QUE SUFRIERON ROBERT PATTINSON Y ZENDAYA.

 EL INCOMODO MOMENTO QUE SUFRIERON ROBERT PATTINSON Y ZENDAYA.

A veces, una película empieza a hablar de sí misma antes incluso de que el público la vea. No por sus imágenes, ni por sus personajes, sino por todo aquello que se filtra desde fuera y acaba contaminando su percepción. Eso es, precisamente, lo que le ha ocurrido a El drama.

Dirigida por Kristoffer Borgli y protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya, la película aterriza en España el 29 de mayo envuelta en una conversación que poco tiene que ver, en apariencia, con su argumento. Un viejo texto del propio Borgli, rescatado por las redes, ha reavivado el debate en torno a las relaciones con gran diferencia de edad, a partir de una experiencia personal que el cineasta relataba sin demasiados filtros.

En aquel artículo, Borgli evocaba una relación pasada y la vinculaba, además, con la influencia de Manhattan, la obra de Woody Allen que durante décadas ha generado discusiones similares. El eco de esas palabras, amplificado con la lógica implacable de Internet, ha terminado por adherirse a la película como una sombra previa, redefiniendo su carta de presentación.

Y, sin embargo, El drama propone otra cosa. O, al menos, eso sugiere su punto de partida: una pareja al borde del matrimonio que, a pocos días de dar el paso definitivo, se enfrenta a una grieta inesperada. Lo que parecía una historia íntima se convierte en un proceso de descomposición emocional, donde las certezas se diluyen y la idea misma de conocer al otro empieza a resquebrajarse.

La paradoja es evidente: mientras la ficción habla de dudas, de fisuras y de identidades que se tambalean, la realidad que rodea a la película parece replicar ese mismo estado de incertidumbre.

Ni siquiera su paso por los Dolby Theatre, durante la gala de los Premios Óscar, logró escapar a esa sensación extraña. Allí, Pattinson y Zendaya aparecieron como presentadores en una intervención aparentemente rutinaria, marcada por la formalidad del evento. Pero incluso en ese instante hubo un pequeño desajuste, casi imperceptible.

Un comentario al oído —una observación sobre una vena demasiado visible en la frente— bastó para alterar la compostura del actor en pleno camino al escenario. Un detalle mínimo, casi anecdótico, que sin embargo dejó entrever cierta incomodidad en su intervención posterior. Quizá una simple coincidencia. O quizá otra grieta, de esas que solo se perciben cuando uno decide mirar con atención.

El premio que entregaban fue para Paul Thomas Anderson, consolidando el reconocimiento hacia una carrera ya imprescindible. Pero lo verdaderamente interesante no estaba en el sobre, sino en lo que rodeaba a quienes lo sostenían.

Porque El drama, antes de proyectarse, ya parece estar atrapada en su propio juego de espejos: una película sobre relaciones que se cuestionan, envuelta en una conversación pública que también pone en duda sus propios límites. Y en ese cruce entre ficción y realidad, entre lo que se cuenta y lo que se arrastra, es donde quizá termine encontrando su verdadero significado.



Comentarios

  1. Y es que los periodistas están en todo, vaya que no se les escapa ni una, por pequeño que sea el detalle.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario