EL CINE DE LOS AÑOS 70. UN HOMBRE LLAMADO NOON (1973)

EL CINE DE LOS AÑOS 70.



UN HOMBRE LLAMADO NOON (1973)

REPARTO: RICHARD CRENNA, STEPHEN BOYD, ROSANNA SCHIAFFINO, FARLEY GRANGER, PATTY SHEPARD, ANGEL DEL POZO, HOWARD ROSS, ALDO SAMBRELL, JOSE JASPE, CHARLY BRAVO, RICARDO PALACIOS, FERNANDO HILBECK, JOSE CANALEJAS, MANUEL DE BLAS, BARTA BARRI

DIRECTOR: PETER COLLINSON 

MÚSICA: LUIS ENRIQUEZ BACALOV 

PRODUCTORA: FRONTIER FILM PRODUCTIONS 

DURACIÓN: 96 min.

PAÍS: REINO UNIDO, ESPAÑA, ITALIA

Un hombre llamado Noon (1973), dirigida por Peter Collinson, es uno de esos westerns crepusculares que parecen existir en una tierra de nadie: demasiado tardío para pertenecer al clasicismo del género, pero aún sin abrazar del todo la modernidad revisionista que ya dominaba la década. Basada en una novela de Louis L'Amour, la película juega con una premisa sugerente —un pistolero amnésico que intenta reconstruir su identidad mientras es perseguido—, pero nunca termina de exprimir todo su potencial dramático.

El protagonista, interpretado por Richard Crenna, encarna a ese hombre sin pasado con una mezcla de desconcierto y determinación, aunque su presencia carece del magnetismo necesario para sostener el misterio que la historia propone. A su alrededor orbitan figuras más reconocibles dentro del género, como el villano interpretado por Stephen Boyd o el personaje de Rosanna Schiaffino, que aportan matices pero no logran elevar el conjunto.

Collinson, cineasta recordado sobre todo por The Italian Job, demuestra aquí cierta sensibilidad para el paisaje y el tempo, dejando que la narración respire en escenarios abiertos que evocan una melancolía casi existencial. Sin embargo, esa misma pausa narrativa juega en su contra: el ritmo se resiente, y lo que debería ser una intriga progresiva se convierte por momentos en una sucesión algo deslavazada de encuentros y revelaciones.

Visualmente, la película posee una factura competente, con una fotografía que aprovecha la aridez del entorno para subrayar el aislamiento del protagonista. Pero en términos de tono, parece debatirse constantemente entre el western clásico de aventuras y una introspección más moderna que nunca termina de consolidarse. Esa indecisión es, en última instancia, su principal debilidad.

Hay destellos de lo que podría haber sido una obra más sólida: la idea de la identidad fragmentada, la violencia como herencia inevitable, el peso del pasado incluso cuando no se recuerda. Pero todo queda esbozado, apenas sugerido. Un hombre llamado Noon se deja ver con interés, especialmente para los aficionados al género, pero se percibe como una oportunidad parcialmente desaprovechada, una película que apunta más alto de lo que finalmente alcanza.






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