EL CINE DE LOS AÑOS 70. TAMBIÉN LOS ÁNGELES COMEN JUDÍAS (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.

TAMBIÉN LOS ÁNGELES COMEN JUDÍAS (1973)



REPARTO: GIULIANO GEMMA, BUD SPENCER, ROBERT MIDDLETON, BILL VANDERS, STEFFEN ZACHARIAS, FRANCY FAIR, LARA SENDER, GEORGE RIGAUD, GEORGE WANG, RICCARDO PIZZUTI, CLAUDIO RUFFINI

DIRECTOR: ENZO BARBONI 

MÚSICA: GUIDO Y MAURIZIO DE ANGELIS 

PRODUCTORA: TRITONE CINEMATOGRAFICA 

DURACIÓN: 126 min.

PAÍS: ITALIA, FRANCIA, ESPAÑA

Hay películas que nacen para hacer reír… y otras que, además, saben exactamente de qué se están riendo. Esta comedia de gángsters protagonizada por Bud Spencer —bajo el nombre que sustituyó al de Carlo Pedersoli— y Giuliano Gemma pertenece claramente al segundo grupo: una parodia consciente, juguetona y sorprendentemente afinada que toma todos los códigos del cine mafioso clásico y los retuerce hasta convertirlos en puro espectáculo cómico.

La ambientación en el Chicago de los años 30 no es más que un punto de partida, pero está recreada con un cariño evidente: trajes de rayas, clubes clandestinos envueltos en humo, calles grises marcadas por la Gran Depresión… todo contribuye a construir un decorado reconocible que la película utiliza como tablero de juego. Y en ese tablero, la historia se permite el lujo de ser descaradamente ingeniosa, encadenando situaciones absurdas y diálogos afilados que, por momentos, recuerdan al mejor Billy Wilder en su vertiente más irónica.

El dúo protagonista funciona como un mecanismo perfectamente engrasado, heredero directo de las grandes parejas cómicas: hay ecos del Gordo y el Flaco, incluso de Astérix y Obélix, en esa dinámica donde el contraste físico y de carácter se convierte en motor del humor. Spencer, en particular, brilla con una soltura extraordinaria, regalando algunos de los momentos más memorables: su aparición en el club nocturno, impecablemente trajeado y con puro en mano, o su forma de moverse entre mafiosos como si siempre hubiera pertenecido a ese mundo.

Pero más allá de su carisma, lo que realmente eleva la película es su capacidad para construir escenas que quedan grabadas. Desde ese discurso inicial del jefe mafioso interpretado por Robert Middleton —tan brutal como hilarante en su lógica interna— hasta momentos ya icónicos como el delirante tango en el casino o la secuencia de presentación ante el capo, con todos sus detalles absurdos: el coche ostentoso, el probador de comida analfabeto, los rituales ridículos que rozan lo surrealista.

Incluso hay lugar para pequeñas curiosidades cinéfilas, como la fugaz aparición de Álvaro Vitali en una escena casi anecdótica, un guiño que añade otra capa de complicidad para el espectador atento.

Puede que Terence Hill no esté esta vez al lado de Spencer, y que Gemma tienda en ocasiones a la exageración, pero la película compensa cualquier desequilibrio con una energía constante y un sentido del humor que nunca decae. A eso se suma una banda sonora pegadiza y juguetona que subraya el tono paródico sin caer en lo obvio.

El resultado es una comedia que no solo funciona como entretenimiento, sino como una celebración del propio cine de gángsters. Ágil, deslenguada y muy consciente de sí misma, termina por convertirse en una de las propuestas más disfrutables dentro del universo de Bud Spencer… y, probablemente, en una de las más inspiradas de su director.




Comentarios

  1. Una comedia que es una parodia del cine de gangsters de toda la vida, siendo un film muy divertido, existiendo una perfecta química entre Bud Spencer y Giuliano Gemma, aunque si es verdad que se hecha en falta a Terence.

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