CUIDADO CON REIRSE DE STEVEN SEAGAL.
Dentro del panteón del cine de acción, hay figuras que generan adhesión inmediata… y otras que parecen moverse en una órbita mucho más incómoda. Steven Seagal pertenece, sin duda, a esta segunda categoría: un intérprete rodeado de controversia, rivalidades —como la conocida con Jean-Claude Van Damme— y una reputación que rara vez ha jugado a su favor.
Resulta curioso que, en una filmografía extensa, pocas veces se mencione una película concreta como emblema indiscutible de su carrera. Ni siquiera Decisión crítica, probablemente uno de sus títulos más reconocibles, logra consolidarse como un clásico del género. Y, sin embargo, su interés no reside tanto en lo que cuenta como en lo que ocurrió fuera de cámara.
Dirigida por Stuart Baird y encabezada por Kurt Russell, la película reunía un reparto sólido en el que también figuraban Halle Berry, Oliver Platt o David Suchet. En medio de ese conjunto, Seagal aparecía como una presencia peculiar, casi desubicada, tanto dentro como fuera de la ficción.
Quien mejor ha relatado esa tensión es John Leguizamo. Para él, el rodaje fue mucho más que una experiencia profesional: fue un choque frontal con la personalidad —o el personaje— que Seagal parecía interpretar incluso cuando las cámaras no estaban rodando. Según ha contado en entrevistas, todo comenzó con una declaración de intenciones tan grandilocuente como desconcertante: una especie de proclama de autoridad en pleno set que, lejos de intimidar, le provocó risa.
La reacción de Seagal, sin embargo, no tuvo nada de cómica.
Leguizamo describe un episodio tan absurdo como violento: un codazo, ejecutado con precisión marcial, que lo lanzó contra una pared y le dejó sin aire. Más allá de la anécdota —difícil de verificar en todos sus matices, pero persistente en el relato del actor—, lo que emerge es la imagen de un rodaje marcado por la tensión, donde la frontera entre interpretación y actitud personal parecía diluirse peligrosamente.
El episodio no terminó ahí. Antes del estreno, incluso se le advirtió a Leguizamo que evitara coincidir con Seagal en la alfombra roja. Una advertencia que, lejos de apaciguar los ánimos, añadió un matiz casi surrealista a la situación.
Y, sin embargo, hay algo revelador en cómo el propio Leguizamo recuerda el momento más satisfactorio de toda aquella experiencia: la escena en la que el personaje de Seagal desaparece de la historia. No como un clímax dramático, sino como una liberación casi personal. Un instante que, en su memoria, eclipsa cualquier otro logro del rodaje.
Quizá ahí resida la verdadera singularidad de Steven Seagal dentro del género: no tanto en sus películas como en las historias que se cuentan sobre él. Relatos que, con el paso del tiempo, han terminado construyendo una leyenda paralela, menos heroica y mucho más incómoda. Porque a veces, en el cine de acción, lo más explosivo no ocurre delante de la cámara, sino cuando esta deja de rodar.

Steven Seagal, un hombre que hace amigos por donde pasa. 🤣
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