CAOS TOTAL EN EL RODAJE DE LA NUEVA PELICULA DE JONATHAN MAJORS.
El intento de regreso de Jonathan Majors a la industria no está siendo precisamente discreto, ni mucho menos sencillo. Tras su ascenso meteórico —marcado por títulos como Creed III y su incorporación al universo Marvel como Kang, una figura destinada a ocupar el lugar simbólico que dejó Thanos—, su caída fue abrupta. Las acusaciones de su expareja, Grace Jabbari, derivaron en cargos por agresión y acoso en 2023, y terminaron por dinamitar una carrera que parecía lanzada hacia la consolidación definitiva.
El golpe fue doble: por un lado, la ruptura con Marvel, que reconfiguró sus planes hasta el punto de sustituir al villano con Robert Downey Jr.; por otro, la paralización de Magazine Dreams, un proyecto que aspiraba a situar a Majors en la órbita de los premios. Lo que parecía una trayectoria ascendente quedó suspendido en un limbo profesional del que ahora intenta salir.
Y lo hace desde los márgenes. Su nueva apuesta pasa por una producción impulsada por Dallas Sonnier, bajo el sello Bonfire Legend, y respaldada por The Daily Wire, el conglomerado mediático liderado por Ben Shapiro. Este ecosistema, que ya había explorado incursiones cinematográficas con títulos como Llanura salvaje —protagonizada por Gina Carano tras su salida de The Mandalorian—, representa una alternativa ideológica y productiva frente a los grandes estudios tradicionales.
Sin embargo, el rodaje de esta nueva película de acción ha quedado envuelto en una polémica que trasciende cualquier debate político o industrial. Más de la mitad del equipo técnico ha decidido declararse en huelga, denunciando condiciones de trabajo que describen como caóticas e inseguras. El detonante fue un accidente durante una escena: Majors y el actor JC Kilcoyne cayeron desde unos dos metros al ceder una estructura de vidrio mal instalada. El incidente, registrado en un vídeo filtrado, ha servido como catalizador de un malestar que, según los trabajadores, venía acumulándose desde hacía tiempo.
Las denuncias apuntan a fallos graves: desde atrezo defectuoso y ausencia de protocolos de seguridad en escenas con armas, hasta problemas estructurales en las localizaciones, donde incluso se menciona la presencia de moho negro y posibles materiales peligrosos. A esto se suma la controvertida figura de Chris Bailey, supervisor de efectos especiales con antecedentes legales relacionados con explosivos en un set.
Lejos de rebajar la tensión, la respuesta de los productores ha sido frontal. Han rechazado negociar con los huelguistas, acusándolos de sabotaje y ridiculizando sus demandas con declaraciones cargadas de desprecio. Mientras tanto, buscan reemplazos en medio de la presión sindical para frenar la producción.
Así, el regreso de Majors no solo se convierte en una cuestión de imagen pública, sino en el epicentro de un conflicto más amplio, donde industria, ideología y condiciones laborales chocan sin matices. Una vuelta que, lejos de redimir, parece abrir nuevas grietas.

Les debe haber mirado un tuerto. jejeje!!!!
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