ANNETTE BENING Y ANDY SAMBERG PROTAGONISTAS DE LA COMEDIA ROMANTICA, "42.6. YEARS".

 ANNETTE BENING Y ANDY SAMBERG PROTAGONISTAS DE LA COMEDIA ROMANTICA, "42.6. YEARS".

Hay proyectos que parecen atravesar varias vidas antes de ponerse realmente en marcha, y 42.6 Years da la impresión de haber encontrado por fin la suya. La comedia romántica con un punto de ciencia ficción, escrita por Seth Reiss, sigue tomando forma mientras reajusta piezas clave y perfila una propuesta tan extraña como prometedora.

Andy Samberg continúa al frente de una historia que parte de una premisa tan absurda como melancólica: un hombre decide someterse a una criogenización experimental para salvar su vida y despierta más de cuatro décadas después en un mundo irreconocible. Todo lo que conocía ha desaparecido. El tiempo lo ha dejado intacto a él, pero no a los demás. Y en medio de ese futuro ajeno y desolador, el único vínculo con su pasado es una antigua novia convertida ahora en una mujer mucho mayor.

Ese papel recaerá finalmente en Annette Bening, que se incorpora al proyecto sustituyendo a Jean Smart, inicialmente prevista para el personaje. El cambio no es menor. Bening aporta una gravedad emocional y una elegancia interpretativa que pueden empujar la película hacia un territorio más agridulce, donde la fantasía romántica dialogue con la reflexión sobre el paso del tiempo, la memoria y las segundas oportunidades.

También ha habido relevo tras las cámaras. Craig Gillespie, vinculado en un primer momento a la dirección, deja paso a Mike Schwartz, conocido por codirigir La familia que tú eliges junto a Tyler Nilson. Su llegada sugiere un posible cambio de sensibilidad, quizá una mirada más excéntrica, más humanista, menos inclinada a la sátira pura y más interesada en los personajes.

No son los únicos movimientos. El proyecto, anunciado hace más de tres años, cambia igualmente de hogar industrial. Donde en origen figuraba Amazon MGM Studios, ahora aparecen Focus Features y Universal Pictures respaldando la producción, una alianza que parece encajar especialmente bien con una película que podría moverse entre la comedia romántica poco convencional y la ciencia ficción íntima.

Lo fascinante de 42.6 Years no está solo en su concepto —ese salto temporal exacto, casi caprichosamente específico, de 42,6 años—, sino en la tensión emocional que plantea. Porque bajo la premisa fantástica late una pregunta profundamente humana: ¿qué ocurre cuando el amor sobrevive al tiempo, pero no de la forma que imaginábamos?

En manos equivocadas, la idea podría quedarse en simple ocurrencia high concept. Pero con Samberg explorando registros más vulnerables y Bening entrando en juego, la película empieza a insinuar algo más complejo: una historia sobre la desorientación, sobre amar a alguien que ha seguido viviendo mientras uno ha quedado suspendido.

Quizá ahí esté su verdadero gancho. No en el hombre que despierta en el futuro, sino en el romance imposible entre dos personas separadas por décadas que, de algún modo, siguen perteneciendo a la misma historia. Y en una industria saturada de fórmulas, una comedia romántica sobre criogenia, nostalgia y relojes rotos suena, cuanto menos, singular.



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