ANNE HATHAWAY NO DESCARTA UNA TERCERA ENTREGA DE "PRINCESA POR SORPRESA".

 ANNE HATHAWAY NO DESCARTA UNA TERCERA ENTREGA DE "PRINCESA POR SORPRESA".

A veces Hollywood funciona como una máquina de espejos donde el pasado regresa cuando menos se espera. Mientras El diablo viste de Prada 2 ha aterrizado en salas envuelta en ese aura de gran acontecimiento que acompaña a las secuelas largamente soñadas, otra continuación, todavía más ligada a la memoria afectiva de toda una generación, vuelve a agitarse en el horizonte: Princesa por sorpresa 3.

Resulta curioso que el regreso de Andy Sachs y Miranda Priestly haya terminado reavivando otra historia. El fenómeno de la secuela del clásico de 2006 no solo ha venido marcado por la expectación desatada en taquilla, sino por el reencuentro con ese reparto que parecía imposible reunir de nuevo: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci recuperando una química que parecía detenida en el tiempo. Hay algo casi irreal en ver materializarse películas que durante años parecieron simples rumores, proyectos condenados a vivir en la nostalgia.

Y precisamente de nostalgia habla también Anne Hathaway cuando mira hacia Genovia.

Porque si El diablo viste de Prada redefinió su carrera, alejándola del universo Disney y empujándola hacia un cine más adulto, Princesa por sorpresa fue el lugar donde empezó todo. No como una reliquia incómoda que una estrella intenta dejar atrás, sino como un origen que Hathaway reivindica sin complejos. Siempre ha habido en su relación con Mia Thermopolis un afecto genuino, y eso explica que el proyecto de una tercera entrega siga respirando.

La paradoja es hermosa: la película que consolidó a Hathaway fuera del molde juvenil fue, durante años, la razón por la que no pudo volver a él.

La actriz ha contado que hubo un momento decisivo en que tuvo que escoger entre continuar la saga principesca o aceptar aquel papel en la redacción de Runway que cambiaría su trayectoria para siempre. Eligió El diablo viste de Prada, y esa decisión redibujó su carrera. Ahora, dos décadas después, el círculo parece querer cerrarse.

No es casualidad que el entusiasmo alrededor de El diablo viste de Prada 2 haya alimentado todavía más los rumores sobre Princesa por sorpresa 3. Hollywood adora las continuaciones, pero el público distingue cuándo una secuela responde solo a una estrategia industrial y cuándo nace también del deseo. En este caso parece haber de lo segundo. Hathaway ha insistido en que el proyecto avanza “al cien por cien”, una declaración que suena menos a promoción que a compromiso.

Mientras tanto, la secuela de El diablo viste de Prada se ha convertido ya en uno de los grandes títulos conversación del año, incluso antes de que el público terminara de asumir que realmente existía. Una película rodeada de curiosidades, como esos ajustes de última hora en el reparto que dejaron fuera incluso apariciones previstas como la de Sydney Sweeney, pero que sobre todo ha triunfado por vender la idea de un regreso imposible.

Y quizá eso es lo que conecta ambas películas.

No son solo secuelas: son regresos a personajes que el público siente como viejos conocidos. Miranda vuelve. Andy vuelve. Y quizá Mia Thermopolis también esté preparándose para recuperar su corona.

Después de todo, pocas cosas hay más poderosas en el cine contemporáneo que una historia que parecía cerrada y, de pronto, descubre una nueva puerta abierta. Anne Hathaway lo sabe. Puede que una vez tuviera que elegir entre ser princesa o entrar en Runway. Ahora, por fin, parece dispuesta a quedarse con las dos.



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