ZENDAYA HA VISTO LA SAGA "CREPUSCULO" PARA CONOCER MEJOR A ROBERT PATTINSON.

 ZENDAYA HA VISTO LA SAGA "CREPUSCULO" PARA CONOCER MEJOR A ROBERT PATTINSON.

Hay preparaciones que responden a la lógica del personaje… y otras que parecen más bien un ajuste de cuentas con la cultura popular. Antes de rodar El drama, Zendaya decidió saldar una deuda pendiente: ver, por primera vez, la saga completa de The Twilight Saga. Cinco películas, prácticamente sin pausa, en una especie de maratón tardío que la conectó de golpe con un fenómeno que había permanecido al margen de su experiencia.

La anécdota tiene algo de irónica, sobre todo si se tiene en cuenta que su compañero de reparto es Robert Pattinson, el rostro que definió a toda una generación como Edward Cullen. Él mismo desconocía la iniciativa hasta poco antes de la premiere, y reaccionó con ese humor seco que lo caracteriza, como si aquella inmersión exprés fuera, en el fondo, una forma indirecta de entenderlo mejor.

Pero el verdadero interés está en el contraste. Mientras Zendaya se sumergía en uno de los relatos románticos más icónicos y codificados del cine reciente, se preparaba para protagonizar una película que, precisamente, juega a desmontar esas convenciones. El drama, producida por A24 y dirigida por Kristoffer Borgli, se presenta como una comedia oscura que tensiona la idea misma del amor.

La historia parte de un punto reconocible —una pareja a punto de casarse— para desviarse rápidamente hacia lo incómodo: un secreto irrumpe y dinamita la aparente estabilidad, obligando a los personajes a enfrentarse a sus propios límites emocionales. Borgli habla de una “historia de amor caótica”, una definición que sugiere un relato más interesado en las grietas que en las certezas.

En ese terreno, Zendaya parece encontrar un espacio especialmente fértil: personajes únicos, situaciones límite y una exploración directa de cuánto estamos dispuestos a soportar —o a justificar— en nombre del amor. No es casual que este proyecto haya terminado por estrechar su vínculo creativo con Pattinson, con quien ha encadenado varios rodajes consecutivos, consolidando una complicidad que trasciende lo puntual.

El drama, con estreno previsto el 3 de abril, llega envuelta en un hermetismo poco habitual incluso para los estándares actuales. Su giro central permanece oculto, casi protegido como parte esencial de la experiencia. Quizá por eso el consejo de su director resulta tan coherente como sugerente: entrar en la película sin saber demasiado.

Al fin y al cabo, entre vampiros eternos y relaciones al borde del colapso, hay una misma pregunta latiendo: qué estamos dispuestos a creer —y a vivir— cuando hablamos de amor.



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